Por Fidel Castro

(Fragmentos de discursos)

I
[…] Y cuando nosotros hablamos de ciencia política y de ciencia revolucionaria, nos estamos refiriendo a la única ciencia política y a la única ciencia revolucionaria verdadera, que es el marxismo.

Para la Revolución nuestra, proceso convulso, audaz, que se adentra en la historia firme y resueltamente, desafiando tantas y tantas dificultades, significa mucho el que nuestro pueblo, todos nosotros —unos más tarde, otros más temprano—, hayamos ido haciendo nuestra la única ciencia política y revolucionaria verdadera que existe.

Desde el momento en que nuestra Revolución, por el hecho mismo de ser una revolución, por el hecho de haber desatado las fuerzas revolucionarias de nuestra sociedad, por el hecho mismo de haberse enfrentado resueltamente al enemigo —y el enemigo no era otro que el imperialismo—, por el hecho mismo de habernos enfrentado a los enemigos de los pueblos —y los enemigos históricos de los pueblos no eran otros que los explotadores de los pueblos—, por el hecho de haber desatado la lucha de clases en toda su dimensión, arribáramos inevitablemente hacia la única formulación ideológica a que podía arribarse, hayamos hecho nuestra la riquísima experiencia, experiencia de más de un siglo, el caudal extraordinario de conocimientos que el marxismo encierra, significa para nosotros una ventaja extraordinaria en esta lucha.

Porque el marxismo no es solo la única verdadera ciencia de la política y de la revolución, sino que desde que el hombre tiene conciencia de sí mismo, es la única interpretación verdadera del proceso de desarrollo de la historia humana.  Y nada menos que en este terreno, en ese caudal inmenso de experiencia y de conocimiento, nos hemos adentrado con lo que teníamos, con lo poco que teníamos, para desarrollar un movimiento de la magnitud de este movimiento de educación revolucionaria, y sin embargo modestamente, modestísimamente, hemos ido ganando terreno, hemos ido avanzando y hemos establecido ya prácticamente las bases para seguir adelante.

Sin embargo, tenemos que estar conscientes, muy conscientes, de que solo estamos comenzando, y que nos queda por delante un trecho muy largo.  Pero nosotros no estudiamos marxismo por simple curiosidad filosófica o histórica.  No.  Para nosotros es vital, es fundamental, es decisivo, estudiar marxismo y enseñar marxismo:  para la Revolución es vital y es decisivo estudiar marxismo y enseñar marxismo.

Para un proceso político normal, para una revolución de mentirijillas —como esas revoluciones que hemos visto por ahí muchas veces, que a los demagogos o a los mal intencionados, para confundir a los pueblos acerca de las revoluciones verdaderas, les dio por calificar de revoluciones—, no había que estudiar marxismo, ni había que estudiar nada; si acaso, con estudiar para politiquero le bastaba a cualquiera.

En la época de la politiquería nadie tenía que estudiar absolutamente nada.  Pero en medio de una revolución, de una revolución verdadera como es esta, en medio de un cambio tan profundo, tan audaz, en medio de un conflicto de tal dimensión histórica como es el conflicto en que nosotros estamos enfrascados con la más poderosa fuerza reaccionaria del mundo, hay que estudiar, y hay que estudiar de verdad; y hay que adentrarse a fondo, y hay que sacar a relucir todas las armas y todas las fuerzas de la ciencia y de la verdad.  

Para orientarnos nosotros mismos, en primer lugar, y para saber orientar correctamente a nuestro pueblo, tenemos que aprender y tenemos que enseñar.  Estudiar y enseñar, porque es vital y es decisivo para la Revolución, puesto que aquí se han enfrentado fuerzas históricas, intereses antagónicos e irreconciliables, en una lucha a muerte.  Entonces no se puede ser irresponsable, no se puede ser superficial, no se puede echar a un lado el estudio, sino que hay que aferrarse a él, porque en él encontraremos nuestras mejores armas, en él encontraremos las más claras explicaciones y en él encontraremos la orientación que tenemos que darle a nuestro pueblo.  Porque en el choque de estas fuerzas históricas chocan las ideologías, y el enemigo se vale de sus mejores armas, el enemigo se vale de sus más sutiles mentiras, el enemigo se vale de toda la fuerza de la tradición, el enemigo se vale de la ignorancia, el enemigo se vale, en fin, de todos los recursos.  Y los revolucionarios tenemos por eso que valernos de las mejores armas de la verdad, de los más claros razonamientos para las masas, y con el arma de la verdad, de la razón y de la pasión revolucionaria, enseñar a las masas y llevarlas victoriosamente hacia adelante. (1)

II
Una de las características de la sociedad burguesa es el caos mental, la falta de una explicación de los problemas, la falta de una interpretación de las realidades; y donde existen mil explicaciones porque, en definitiva, no existe ninguna explicación.  Es decir, no existe ninguna explicación verdadera porque de lo que se trata es de justificar un sistema de explotación y tratar de presentar como eterno un modo de producción que es sencillamente un producto de la historia, transitorio y condenado a desaparecer en un momento determinado.  Caracteriza a la sociedad burguesa el caos, repito, la falta de una explicación clara de los fenómenos y de los hechos.  Y caracteriza al socialismo científico y al régimen social inspirado en él precisamente por todo lo contrario.  Por la posibilidad de tener una explicación verdadera, real, de los problemas, de cada problema, y del proceso de los problemas, y del desarrollo de la sociedad.

Quizás una de las cosas, sin embargo, más difíciles de comprender es que ninguna de esas interpretaciones son interpretaciones mecánicas, que ninguna de esas interpretaciones tienen que ser interpretaciones de cliché, y que el marxismo no es un conjunto de «formulitas» para tratar de aplicar a la fuerza la explicación de cada problema concreto, sino una visión dialéctica de los problemas, una aplicación viva de esos principios, una guía, un método.

Y por eso el revolucionario tiene que estar incesantemente pensando, analizando.  No creer que va a encontrar nada simple, nada sencillo, nada fácil, nada mecánico, sino que tiene necesariamente que analizar.  Y que los problemas son múltiples, que los problemas implican infinidad de facetas y que, además, los problemas se suceden unos tras otros; y que, superadas una serie de cuestiones y una serie de problemas, inmediatamente hay una serie de problemas nuevos.

Creo que algo que podría ser para todos nosotros una gran lección de marxismo, es recordar el proceso mismo de la Revolución.  Y si ustedes hacen un análisis de la Revolución como un proceso —como lo es realmente— podrían sacar o extraer magníficas lecciones.  Las condiciones de ahora de la Revolución no son similares a las condiciones del principio de la Revolución; no había, por ejemplo, la unidad que hay hoy, no solo la unidad orgánica, sino la unidad de pensamiento, la unidad de método, la unidad de orientación, que al principio de la Revolución se caracterizaba mucho porque existían una serie de corrientes, una serie de criterios, una serie de puntos de vista.  Podría decirse que miles de personas tenían un punto de vista distinto, determinado; que muchas personas tenían sus métodos, que muchas personas tenían su estilo de ver los problemas.

Si ustedes analizan la Revolución desde el principio, verán como es un proceso ascendente, en que una serie de problemas se fueron superando unos tras otros, que la Revolución ha ido en un ascenso continuado desde el principio.  Y, sin embargo, eso no quiere decir que no tenga la Revolución que estar resolviendo infinidad de problemas que tiene ahora y que no tenía entonces.  Y así, incesantemente, los problemas se irán renovando y le presentarán a los revolucionarios la tarea de resolverlos. (2)

III
Es incuestionable que estamos ante hechos nuevos, ante fenómenos nuevos; es incuestionable que los revolucionarios, los que nos consideramos revolucionarios, y dentro de los que nos consideramos revolucionarios, los que nos consideramos marxista-leninistas, estamos en la obligación de analizar estos fenómenos nuevos.  Porque no puede haber nada más antimarxista que el dogma (APLAUSOS), no puede haber nada más antimarxista que la petrificación de las ideas.  Y hay ideas que incluso se esgrimen en nombre del marxismo que parecen verdaderos fósiles (APLAUSOS). 

Tuvo el marxismo geniales pensadores:  Carlos Marx, Federico Engels, Lenin, para hablar de sus principales fundadores.  Pero necesita el marxismo desarrollarse, salir de cierto anquilosamiento, interpretar con sentido objetivo y científico las realidades de hoy, comportarse como una fuerza revolucionaria y no como una iglesia seudorrevolucionaria (APLAUSOS). 

Estas son las paradojas de la historia.  ¿Cómo cuando vemos a sectores del clero devenir en fuerzas revolucionarias vamos a resignarnos a ver sectores del marxismo deviniendo en fuerzas eclesiásticas?  (APLAUSOS) 

Esperamos, desde luego, que por afirmar estas cosas no se nos aplique el procedimiento de la “Excomunión” (RISAS)  y, desde luego, tampoco el de la “Santa Inquisición”; pero ciertamente debemos meditar, debemos actuar con un sentido más dialéctico, es decir, con un sentido más revolucionario.
Es necesario que los fenómenos contemporáneos los analicemos, los estudiemos profundamente.  Naturalmente que el análisis, las concepciones, cada vez más tendrán que ser la obra de equipos de hombres más que de hombres individuales.  De la misma manera que en la ciencia el investigador aislado ya prácticamente no existe ni puede existir, en la política, en la economía, en la sociología, los investigadores aislados, el surgimiento de hombres geniales en las condiciones modernas se hace cada vez más imposible. 

Y hay un cierto subdesarrollo, hay en realidad un cierto subdesarrollo en el campo de las ideas políticas, en el campo de las ideas revolucionarias.  Y de ahí se deriva la enorme confusión que existe hoy en el mundo, la enorme crisis que existe en el campo de las ideas, es decir, en el campo de las doctrinas, en el momento en que precisamente las actitudes y los sentimientos revolucionarios del mundo crecen.  Nadie puede decir que tiene toda la verdad; nadie puede declarar hoy, en medio de la enorme complejidad del mundo, que tiene toda la verdad.  Nosotros tenemos nuestras verdades aquí, surgidas de nuestra experiencia, aplicables a nuestras condiciones:  y tenemos nuestras deducciones y nuestras conclusiones; pero nunca hemos pretendido ser catedráticos, nunca hemos pretendido ser monopolizadores de las verdades revolucionarias. 

Sin embargo, hemos visto cómo las verdades revolucionarias se van encontrando, cómo las verdades revolucionarias van surgiendo como resultado del análisis, del esfuerzo de muchas inteligencias. (3)

Discursos:

(1) Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz, Primer Secretario de la Dirección Nacional de las ORI y Primer Ministro Del Gobierno Revolucionario, resumiendo la reunión con los directores de Escuelas de Instrucción Revolucionaria, celebrada en el edificio de la Dirección Nacional de las ORI, el 27 de junio de 1962 http://www.fidelcastro.cu/es/discursos/discurso-resumen-de-la-reunion-con-los-directores-de-escuelas-de-instruccion .

(2) DISCURSO EN LAS CONCLUSIONES DEL PRIMER CONGRESO NACIONAL DE MAESTROS DE VANGUARDIA “FRANK PAIS”, CONJUNTAMENTE CON EL ACTO DE GRADUACION DE LAS EBIR, EL 10 DE ABRIL DE 1963, http://www.fidelcastro.cu/es/discursos/en-las-conclusiones-del-primer-congreso-nacional-de-maestros-de-vanguardia-frank-pais .

(3) Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en la clausura del Congreso Cultural de La Habana, en el teatro “Chaplin”, el 12 de enero de 1968, http://www.fidelcastro.cu/es/discursos/discurso-pronunciado-en-la-clausura-del-congreso-cultural-de-la-habana-en-el-teatro .

Periódico Revolución
Sobre el Autor: Periódico Revolución
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