De la Redacción.

El triunfo electoral de Morena en la elección que acaba de transcurrir ha sido más aplastante de lo que esperaban propios y extraños. No sólo logró ganar la presidencia de la República, sino la mayoría en el Congreso de la Unión; ganó 19 congresos locales y cientos de alcaldías, así como cinco gubernaturas.

Por donde se le vea, se ha conformado una fuerza electoral que arrolló a los partidos de la derecha. El PRI inclusive ha quedado como tercera fuerza, muy lejos de la posición que ocupaba desde 2012.

Otra fuerza que ha sufrido una derrota clamorosa ha sido el PRD, cuyo registro está en riesgo, en lo que constituye una debacle ignominiosa para quien ostentó el registro electoral del viejo Partido Comunista Mexicano, y que acabó aliándose a la rancia derecha panista. El PRD demostró que estaba desfondado después de rendirse al gobierno con el “Pacto por México”, y que sólo era cuestión de que se presentara a urnas para que eso quedara a la vista de todo el mundo.

Se abre pues, una nueva época, no es exagerado afirmarlo, pues estamos frente a una votación que se transformó en un referendum revolucionario debido a la profunda crisis de dominación por la que atraviesa el capitalismo a escala mundial y que en México se ha manifestado por la pérdida de consenso del Estado y en general de la política de la derecha imperialista (mal llamada “neoliberal”).

Así, la crisis, que continúa inexorablemente, se abrió paso fracturando a los partidos de la derecha y haciendo que los elementos con más visión y oportunismo se pasaran al barco de Morena, en lo que se convirtió en un trasvase de miembros activos del Estado hacia el partido que cobró la delantera. Los oportunistas obraron así en un esfuerzo por preservar sus posiciones dominantes dentro de la burocracia del Estado deslindándose del actual grupo gobernante encabezado por Peña Nieto y el PRI. No por nada algunos de esos elementos oportunistas han comenzado a hablar de la elección de 2024, en una desbocada carrera futurista que sólo puede entenderse desde la perspectiva de estos elementos, que sólo son capaces de mirar la política como un juego electoral y que se sienten fuera de lugar al enfrentarse a la mínima responsabilidad frente al pueblo y frente a la historia.

No obstante, más allá de estos grupos de politiqueros, las tareas del momento se van imponiendo en la medida que AMLO se verá obligado a responder a los cuestionamientos sobre su programa y sus futuras acciones de gobierno. Aunque el nuevo gobierno toma posesión en diciembre, ya ha comenzado una transición en términos de la administración pública y la nueva legislatura tomará posesión el 1 de agosto, lo que desatará un periodo de debate político y programático.

Ahora se trata de responder en los hechos y eso brinda al mismo tiempo dificultades y oportunidades a todo nuevo grupo gobernante.

Desde el Socialismo mexicano, la cuestión se plantea sobre cómo hacer avanzar al pueblo trabajador e impedir que el nuevo gobierno que surgió con su voto sea engullido por la burguesía, la burocracia y el imperialismo. O sea, profundizar y extender el despertar que significó el 2 de julio. Los socialistas en Morena deben pronunciarse abiertamente contra cualquier medida que signifique una desmovilización del partido, lo cual llevaría a su asimilación por la burocracia estatal. Algo así impediría que Morena llegue a ser un partido del Pueblo trabajador y que se convierta en un mero apéndice de la burguesía.

El Socialismo tiene frente a sí el reto de crecer organizativa y numéricamente, poniendo siempre por delante los objetivos de largo alcance de la clase trabajadora, de los pobres, los indígenas, las mujeres y los jóvenes.

Periódico Revolución
Sobre el Autor: Periódico Revolución
Es una publicación impresa y digital, como un esfuerzo de Morena Socialista para recuperar la teoría marxista al interior del partido morena.