Por RB. Miembro del Partido Comunista francés.

Barco de guerra contra los de bienvenida 

La llegada en masa de refugiados políticos, ambientales y económicos de África del Norte y Asia es una muestra de que el sistema mundial va rumbo a una crisis.

Los reaccionarios de Europa, gustosos, nos pintan una  falsa idea en la que los refugiados nos invaden o nos  “inundan”. En su  obsesión racista, un grupo de extremistas de derecha recabaron fondos para hacer uso de un barco de Djibouti para la “Lucha contra el tráfico de humanos”. Se dedican a hostigar embarcaciones de activistas humanitarios que ayudan a los refugiados. Los reaccionarios quedaron perplejos  cuando les fue negado el acceso de todos los puertos, a tal grado, que cuando su nave sufrió una avería tuvieron que ser auxiliados por un barco enviado por las autoridades portuarias de Italia.

Otro punto a destacar es la movilización de los pescadores, ciudadanos de a pie y sindicalistas tunecinos que se opusieron al arribo de la nave al puerto de Zazis. Este puerto al sur de Túnez es uno de los puntos más pobres del país. Durante la revolución del 2011 fue uno de los puntos de partida de la juventud tunecina hacia las costas europeas. Aquí la solidaridad y la hospitalidad es preponderante como en el sur del país.

Esta es una muestra de valentía de los pescadores, nos muestra su instinto de solidaridad con las victimas de un sistema que se ha vuelto esquizofrénico y que nos amenaza insistentemente.

¿Instinto de Identificación o de supervivencia?

Desafortunadamente, si los reaccionarios pudieron juntar una suma de dinero suficiente para rentar un bote de Djibouti y cruzar el Mediterráneo, es porque sus nauseabundas ideas han encontrado algo de eco en Europa.

Los científicos han demostrado que los animales -los humanos incluidos- como primer instinto se enroscan y se  ponen a salvo ante una situación de peligro. 

Efectivamente, esta conducta es la que estimulan los reaccionarios de Europa. Toman la crisis migratoria y la tornan en su contrario, la pintan como un factor de injusticia social contra los trabajadores nativos y no como una funesta consecuencia de la crisis capitalista. En ausencia de una razonable explicación de este fenómeno los trabajadores terminan confundidos y se oponen a los refugiados. El argumento humanista no es suficiente.

La causa real: la crisis del capitalismo.

Éste instinto de supervivencia es consecuencia de la escasez de fuentes de empleo y recursos estatales en Europa. La crisis económica del capitalismo iniciada con el crash financiero del 2007 endeudó a los estados que inmediatamente salvaron la banca. Son responsables y víctimas de la crisis. Por otro lado, la política de regulación financiera iniciada desde los ochentas ha destruido muchas prestaciones obtenidas por los obreros europeos y en el caso de los países tercermundistas les impide salir de la miseria.

Esto creó las condiciones para una gran crisis de superproducción a escala global donde los trabajadores están siendo puestos a competir por las firmas internacionales. Algunos obreros europeos aceptan la idea de que el proteccionismo puede ser un medio para salvar lo que ellos tienen, mientras que en los países pobres no tienen oportunidad y por eso en migran al norte para buscar medios de subsistencia para ellos y sus familias. A esto debemos agregar las guerras que han sido por culpa de la rapacidad imperialista en África en Asia central poniendo familias enteras en el exilio.

El fin de una época.

En realidad, la crisis de los refugiados es un síntoma del fin de una época. Por ejemplo, Francia dio la bienvenida a más o  menos 130,000 vietnamitas refugiados en 1979 tras la victoria de Ho Chi Min sobre los franceses y su aliado los estados unidos. En ese momento los capitalistas franceses aceptaron a los refugiados vietnamitas en oposición al régimen comunista de ese país que en realidad fue una réplica de la burocracia estalinista en la URSS y China. Esto dio legitimidad a los capitalistas ante el movimiento obrero francés.

Hoy, con la restauración capitalista del bloque soviético y chino ya no hay más competencia. Las víctimas son ellos mismos y esto sirve para alimentar el instinto nacionalista de los obreros europeos.

Cuando un obrero reacciona como arriba mencionamos, es víctima de la descomposición social, que termina con la destrucción de las prestaciones difícilmente ganadas a lo largo de décadas de lucha. Los capitalistas empiezan atacando las conexiones más débiles entre los trabajadores y terminan con las más protegidas. 

Estamos frente una encrucijada. Las perspectivas aquí descritadse vendrán confirmando en las siguientes décadas. Si las cosas continúan en este camino, la descomposición social irá ganando terreno y continuará la pauperización de los obreros tanto en países ricos como pobres. Los capitalistas de la Unión Europea colapsarán y algunos estados europeos podrían terminar descompuestos. La competencia económica en un contexto de crisis revivirá las tensiones entre los estados de la unión europea, propagando la “Predilección nacional” encontrarán más eco entre los trabajadores. La humanidad será empujada a lo más profundo de la barbarie. El antídoto al veneno del nacionalismo está en las ideas revolucionarias, en la explicación a los trabajadores tanto del norte como del Sur en su capacidad para cumplir su tarea histórica: Ponerle fin a la competencia destructiva entre naciones y expropiar a las burguesías nacionales,  y poner la tecnología en armonía con el desarrollo.

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