Escrito por: Ted Grant

Marzo 1959

Es necesario, en distintas etapas, volver a examinar y analizar los principios, política y tácticas del movimiento, tanto en beneficio de los nuevos militantes como para consolidar y refrescar las ideas de los cuadros básicos. A la luz de los recientes acontecimientos (Conferencia Industrial ‘Newsletter’, formación de la Socialist Labour League) y debido a la relativa calma que en la actualidad reina dentro del Partido Laborista, este parece ser un momento adecuado para volver a examinar nuestras concepciones básicas sobre los problemas del trabajo en Gran Bretaña.

Para los grupos sectarios que se encuentran en los márgenes o para la ‘izquierda’ de la Cuarta Internacional (Liga de los Trabajadores, Federación Socialista de Trabajadores y otros pequeños grupúsculos), el problema se plantea en los términos más simples: la socialdemocracia y el estalinismo han traicionado a la clase obrera, por lo tanto, hay que construir inmediatamente el partido ‘independiente’ de la clase obrera. Pretenden defender la ‘independencia’ del partido revolucionario como un ‘principio’, no importa si el partido está formado por dos o por dos millones.

No tienen en cuenta el desarrollo histórico del movimiento de la clase obrera, qué condiciona las tácticas mientras se mantienen los principios del marxismo. Sin tácticas flexibles es imposible ganar o formar las fuerzas necesarias que debemos ganar previamente para poder construir el partido revolucionario.

Desgraciadamente, el movimiento de la clase obrera no procede en línea recta. Si eso fuera así, lo único que sería necesario es ‘proclamar’ desde las esquinas la necesidad del partido revolucionario, como el PSGB ha proclamado durante cincuenta años la superioridad del socialismo sobre el capitalismo, pero con resultados totalmente yermos.

Debemos empezar con una comprensión de la clase obrera y cómo surge históricamente el movimiento obrero, cómo por un lado la conciencia está determinada por las condiciones objetivas y, por otro lado, la traición del estalinismo y la socialdemocracia, que para nosotros son factores objetivos; y la debilidad de las fuerzas revolucionarias que también se convierten en un factor importante del proceso histórico. La tarea básica de esta época es cómo superar la debilidad y el aislamiento del movimiento revolucionario mientras que el mismo tiempo se mantienen intactos los principios.

Desafortunadamente, el movimiento de la clase obrera raramente se mueve siguiendo una línea recta. Si ese fuera el caso, el capitalismo habría sido derrocado hace décadas. La traición de la revolución por parte de la socialdemocracia en 1914-1920 llevó a la formación de la Internacional Comunista, que pretendía ser el órgano de la revolución mundial. La degeneración de la revolución y la posterior traición del estalinismo tuvieron como consecuencia la desorientación del proletariado mundial.

Sin embargo, una cosa es que los cuadros del movimiento revolucionario comprendan el papel del estalinismo y el reformismo y otra cosa diferente son las masas, incluso su vanguardia más activa, que en general sólo aprenden de la experiencia.

La victoria de Hitler y el fracaso de la IC que no consiguió aprender las lecciones de estos acontecimientos, marcaron el final de la IC como una herramienta para el derrocamiento del capitalismo y la instauración de una nueva sociedad que lleve a la instauración de un sistema socialista.

Fue esto lo que llevó a la Oposición de Izquierdas a declarar la formación de nuevos partidos revolucionarios y una nueva Internacional. Ni el Partido Laborista ni el Partido Comunista podían servir a las necesidades de la revolución socialista. Pero hay un largo camino entre la proclamación de la necesidad de un partido revolucionario y ser capaces de formarlo con una base de masas.

Históricamente, el movimiento marxista había retrocedido. Se quedó aislado de las principales corrientes de opinión que existen dentro del propio movimiento obrero. Fue en estas condiciones en las que Trotsky planteó el problema del entrismo. Es significativo también, que primero lo planteara con relación a los problemas en Gran Bretaña, quizá como un indicador de las futuras perspectivas.

Aquí sólo podemos dar un breve esbozo de la historia del entrismo en Gran Bretaña, ocuparnos sólo de los puntos más importantes, los que son interesantes para los objetivos de la clarificación y la discusión.

Esta cuestión se planteó primero con relación al trabajo en el Partido Laborista Independiente. Como resultado de la experiencia del gobierno laborista de 1929-1931 y de los acontecimientos mundiales de ese período, la catastrófica recesión, el ascenso del fascismo en Alemania, la fe en el reformismo hizo estragos en muchos sectores del movimiento. La oposición a la política de rendición y retirada del gobierno MacDonald cristalizó, en el Partido Laborista, dentro de las filas del PLI.

El PLI se escindió del Partido Laborista (sobre una cuestión equivocada, en el momento inadecuado y sin movilizar el apoyo del movimiento obrero). Esto supuso que decenas de miles de trabajadores organizados en el PLI emprendieran una dirección revolucionaria, alejándose del reformismo y acercándose al marxismo. En esta etapa sus ideas eran confusas; semi-revolucionarias y semi-reformistas. Podrían haberlos ganado para el programa revolucionario pero fueron absorbidos por las perversiones del estalinismo, retrocedieron hacia el reformismo o cayeron en la apatía. La cuestión no se solucionó en absoluto.

En 1932 los trotskistas en Gran Bretaña habían sido expulsados del Partido Comunista (por defender un frente único con los socialistas en Alemania y Gran Bretaña). Lanzaban un periódico mensual pero todavía estaban aislados de la corriente principal del movimiento de la clase obrera. En estas condiciones, Trotsky sugirió a los compañeros británicos que el terreno más fértil para trabajar en Gran Bretaña sería entre los trabajadores que estaban girando a la izquierda en el PLI.

Desafortunadamente, los dirigentes más experimentados del movimiento se resistieron e intentaron mantener una organización independiente (no durante mucho tiempo porque pronto entrarían en el Partido Laborista y más tarde su organización se desintegraría), sólo los más jóvenes y menos expertos entraron en el PLI. Sólo consiguieron éxitos modestos. En el período siguiente el PLI comenzó a desvanecerse como una fuerza seria debido a las vacilaciones y la confusión de su dirección.

En 1935 el movimiento obrero comenzó a recuperarse de la debacle de 1931. Con el declive del PLI y la perspectiva de conseguir conquistas imperceptibles, si no pérdidas, en este ambiente estancado Trotsky planteó la cuestión de entrar a trabajar en el Partido Laborista. Los éxitos del PL en las elecciones municipales, las huelgas, la posibilidad de una guerra civil que parecía una amenaza, todo se reflejaba en las filas del PL y hacía que los mejores elementos fueran receptivos a las ideas revolucionarias. Sin embargo, no escucharían a una pequeña organización fuera de la corriente principal del movimiento obrero. Los problemas de construcción de la tendencia revolucionaria eran el problema de penetrar en el movimiento obrero, especialmente los sectores políticamente conscientes organizados en el Partido Laborista. El PL, como expresión política del movimiento sindical organizado, representaba a la clase obrera organizada y también a sectores de los trabajadores no organizados. Así que la única forma donde el trabajo de los revolucionarios no quedaría sepultado era dentro de las masas. Debemos aprender a expresar las ideas revolucionarias en un lenguaje que puedan entender los trabajadores, luchando a cada paso cuidadosamente contra los reformistas, pero sin abandonar las ideas o perspectivas revolucionarias.

El compañero Trotsky sugirió concluir la experiencia de la entrada en el PLI e iniciar el trabajo dentro del Partido Laborista. La historia posterior demuestra que en esa etapa era una táctica correcta.

La clase obrera no llega fácilmente a conclusiones revolucionarias. La rutina en el pensamiento, las tradiciones, las dificultades excepcionales creadas por la transformación de las organizaciones tradicionales socialistas y comunistas, los obstáculos en el camino de la revolución, todo esto eran trabas formidables en el camino de la creación de un movimiento marxista de masas.

Toda la historia demuestra que, en las primeras etapas de auge revolucionario, las masas giran hacia las organizaciones de masas para intentar encontrar una solución a sus problemas, especialmente la generación más joven que entra por primera vez en la política. La experiencia de muchos países demuestra esto. En Alemania, a pesar de que los espartaquistas representaban a decenas de miles de trabajadores revolucionarios forjados en la lucha contra la Primera Guerra Mundial, a pesar de que la dirección socialdemócrata traicionó a los trabajadores apoyando la guerra y oponiéndose a la revolución de 1918, no fueron los primeros a los que se dirigieron los trabajadores tras del inicio de la revolución. Se requieren años de luchas revolucionarias y contrarrevolucionarias (aparte de los errores de la dirección) antes de que el PC pueda pasar de ser un partido pequeño a convertirse en un movimiento de masas.

Esta experiencia de cada despertar revolucionario de los últimos cincuenta años en Europa demuestra la verdad de esta teoría. Con las pequeñas fuerzas que somos capaces de movilizar en el momento actual, sería ridículo suponer que el desarrollo de la revolución en Gran Bretaña seguirá otro rumbo. Incluso como una fuerza independiente si tenemos las fuerzas y los recursos sería necesario tener en cuenta este proceso. Qué hacer y cuándo con relación a los problemas planteados por la historia si todavía somos un pequeño grupo. La tarea es convertir este pequeño grupo en un grupo integrado, con raíces en el movimiento de masas y entonces, a partir de una organización de cuadros, convertirse en un grupo más grande y desarrollarse hasta ser una organización de masas. Cómo se hace esto es la principal consideración táctica que domina el trabajo de la organización en esta etapa.

Regresamos a la cuestión histórica del entrismo. Desde 1936 a 1939 este problema se planteó debido a los acontecimientos en Gran Bretaña. No es nuestra intención tratar las disputas de ese período dentro del movimiento, que sólo tienen un interés histórico. Pero el estallido de la guerra en 1939 cortó el proceso y dio un giro diferente a los acontecimientos.

Y aquí el problema de la táctica como tal, no como un fetiche a repetir, demuestra su verdadera importancia. Los dirigentes laboristas y sindicales entraron en coalición con la clase capitalista y en su última etapa entraron a formar parte del gobierno de Churchill. La actividad, la vida y el funcionamiento de las organizaciones obreras decayeron. Los jóvenes estaban en las fuerzas armadas. Más tarde el PC, con la entrada de Rusia en la guerra, se convirtió en la más entusiasta organización rompehuelgas. Esto creó tremendas oportunidades para el trabajo ‘independiente’. Los mayores éxitos del trotskismo en Gran Bretaña se consiguieron en este período. La WIL, que formaba el núcleo principal del Partido Comunista Revolucionario con la fusión de las fuerzas trotskistas en 1944, cambió sus tácticas en la primera parte de la guerra como resultado de la situación objetiva. El inicio de la vanguardia surgió a partir de militantes en la industria y en los sindicatos. Pero incluso en el punto álgido de los éxitos del PCR, en la discusión de los problemas del entrismo, se planteó la cuestión básica de la probable entrada de las fuerzas revolucionarias en el PL. En las discusiones sobre esta cuestión se explicó que incluso si se creaba un pequeño partido con un par de miles, no sería suficiente para las tareas planteadas por la historia. Si en el PL surgía un ala de izquierdas de unas decenas de miles bajo los martilleos de los acontecimientos, sería necesaria, donde no se pudiera conseguir la afiliación, entrar con el objetivo de influir en estos elementos que estaban girando hacia una dirección revolucionaria, aunque por supuesto, en esa etapa el énfasis central era la construcción de un partido revolucionario.

Los acontecimientos a escala mundial tomaron una dirección diferente de lo que era o podía ser previsto por los trotskistas en el período de preguerra. El estalinismo en Rusia y en el este, el reformismo y el estalinismo en occidente, se fortalecieron temporalmente por toda una serie de factores.

En Gran Bretaña esto se reflejó en la victoria del gobierno laborista. Después de haber llegado al poder en un momento de boom económico provocado por la destrucción de la guerra, el gobierno laborista de 1945 funcionó en unas condiciones totalmente diferentes de las que existían con el gobierno laborista de 1929, la clase dominante había perdido la confianza como resultado del cambio de estatus de Gran Bretaña en el mundo. Nominalmente vencedora, Gran Bretaña sólo podía poner pérdidas en su hoja de balance de resultados de la guerra. Se habían dejado languidecer las industrias básicas, con un equipamiento anticuado y privadas de capital, para que Gran Bretaña pudiera competir en los mercados mundiales necesitaba carbón barato, transporte, acero, electricidad, etc., La empresa privada no estaba dispuesta a poner las enormes sumas de dinero requeridas para modernizar estas industrias. De aquí la tolerancia o tibia oposición de los capitalistas a la nacionalización de las industrias. La oleada de despertar revolucionario se había extendido por toda Asia, incluida la India. La clase dominante era consciente de la imposibilidad de mantener estas zonas sin una guerra prolongada y a gran escala, que Gran Bretaña no podría mantener. Por eso la concesión del control a las clases capitalistas india, birmana y ceilanesa. Con los enormes beneficios conseguidos por las grandes empresas y sobre la base de una actividad económica en expansión, se podían conceder migajas en forma de concesiones a las clases trabajadoras.

Sobre esta base, los dirigentes laboristas, en los primeros años al menos, pudieron introducir ciertas reformas como el sistema nacional de salud. El capitalismo norteamericano no tenía otra alternativa que respaldar al gobierno laborista. Pero el hecho de que en gran medida el gobierno laborista hubiera aplicado su programa y que, gracias a las horas extras, el trabajo de las mujeres, los planes de incentivos y un mercado favorable al vendedor con escasez crónica de mano de obra, las condiciones de vida mejoraron en comparación con la situación previa a la guerra, especialmente con la desaparición del desempleo, eso hizo que se fortalecieran las ilusiones en el reformismo dentro de la clase obrera organizada. De este modo prevaleció la condición contraria a la que habría predominado con un gobierno laborista en condiciones de recesión económica.

En tales condiciones la corriente revolucionaria tendía a quedarse aislada. Este no es el momento ni el lugar para hacer un análisis de los errores del PCR y del movimiento en general de aquella época. Pero los acontecimientos históricos han demostrado que las condiciones para el entrismo, tal como las elaboró Trotsky en el pasado, no se aplicaban. Estas condiciones se pueden resumir en las siguientes:

(a) Una situación prerrevolucionaria o revolucionaria.

(b) Fermento dentro de la socialdemocracia.

(c) Desarrollo de un ala de izquierdas.

(d) La posibilidad de una cristalización rápida de una tendencia revolucionaria.

Ninguna de estas condiciones existía en aquel momento. Los healyistas plantearon por primera vez en el PCR esta cuestión. Sus perspectivas estaban equivocadas. En 1950 explicaban en un documento de su congreso que la disyuntiva en un año era socialismo o fascismo. Ya no habría más elecciones generales, etc., Su perspectiva se basaba en un juicio completamente erróneo de la situación.

Sin embargo, una vez que el PCR se había disuelto y todas las fuerzas del trotskismo estaban en el Partido Laborista, el problema de cómo trabajar en el partido y con qué perspectiva, era una cuestión vital. Es necesario comprender que nuestras propias fuerzas eran demasiado débiles para crear un ala de izquierdas con proporciones de masas, nuestro trabajo es ganar a los elementos más avanzados y crear cuadros dentro del partido. Al mismo tiempo, sobre la base de nuestro trabajo y nuestras posiciones políticas, ganando posiciones en las agrupaciones locales del partido, distritos, comités, etc., Todo esto es el trabajo preparatorio para la tarea principal del futuro. Por otro lado, vestirnos con las ropas del reformismo de izquierdas durante un período sería un desastre. Todas las aventuras de los healyistas a este respecto terminaron ignominiosamente. Es verdad que las condiciones para el entrismo, como las esbozó Trotsky, todavía no están presentes, pero sería una suprema estupidez abandonar el trabajo en el PL ahora y lanzar aventuras independientes después de una década o más de trabajo allí. Las condiciones para el trabajo independiente tampoco son favorables. Todo lo que se pudiera haber ganado permaneciendo independientes en el pasado, no se pueden esperar tremendas conquistas en el futuro inmediato, sería desproporcionado ante las futuras posibilidades dentro del Partido Laborista.

Mientras tanto, lanzarse con un gran énfasis al trabajo independiente dañaría el trabajo futuro que se podría hacer en el Partido Laborista. De esta manera obtendríamos las peores desventajas de ambas tácticas. No será posible reentrar fácilmente en condiciones de fermento dentro del PL, porque su dirección tendría una lista de todos los destacados trotskistas en el período pasado.

En cualquier caso, es realmente un acontecimiento extraordinario cuando la situación objetiva está en vísperas de transformarse en el próximo período tanto nacional como internacionalmente, con tremendas repercusiones dentro del movimiento obrero, abandonar el terreno justo cuando comienzan a desarrollarse las posibilidades para un trabajo realmente fructífero. Trotsky había explica cómo, en preparación para el entrismo, se debería enviar gente a explorar el terreno, ver qué posibilidades hay etc., nuestro trabajo ahora es prepararnos para el próximo período, si en la actualidad fuéramos una organización independiente deberíamos estar preparando nuestras fuerzas para el entrismo. Lejos de retirarnos, deberíamos enviar cada vez más fuerzas para preparar el camino de la entrada. Nuestras fuerzas en el PL deberían ser capaces de informarnos de la situación allí, y ante los primeros síntomas de tormenta deberíamos entrar. En estas circunstancias sería una locura, un ultraizquierdismo irresponsable, lanzarse a la aventura en este momento, una aventura que favorecería a la dirección laborista en su tentativa de acabar con el ala de izquierdas. No se conseguiría nada a largo plazo y se causaría un gran daño al trabajo que se hará en el Partido Laborista.

Además, se maleducaría totalmente a la base con estos saltos mortales constantes y se garantizaría la desmoralización de la militancia. Desde cualquier punto de vista es imposible el trabajo sin comprender las perspectivas, independiente de cual sea la situación momentánea. De otra manera el trabajo se haría de una forma totalmente empírica como hicieron los healyistas, en una serie de saltos convulsivos en todas las direcciones. La tendencia está a merced de cada coyuntura episódica y giro de los acontecimientos, de aquí para allá a merced de los vientos momentáneamente favorables o desfavorables, en lugar de –aunque hay que tener en cuenta esto para el trabajo cotidiano- trabajar y explicar a la militancia el significado de cada acontecimiento, pero enmarcándolos en las perspectivas amplias del movimiento, no comprender la táctica del entrismo, y su aplicación, es lo que ha llevado a las nuevas tácticas de los healyistas. Sólo conseguirán producir un aborto.

Nuestro trabajo en el período preparatorio, que todavía existe, es ganar pacientemente a uno o dos, quizás a pequeños grupos, pero ciertamente no la creación de una corriente revolucionaria de masas, que no es posible en el momento actual. Intentar gritar más de lo que podemos simplemente provoca ronquera y, finalmente, la pérdida de la voz. Tenemos que establecernos como tendencia en el movimiento laborista.

El oportunismo es sólo la otra cara del aventurerismo. Los dos nacen de una apreciación equivocada de las circunstancias objetivas, o de una rendición ante el entorno inmediato. Por eso, sin una base teórica firme y el control colectivo del movimiento, es fácil sucumbir a un error tras otro, y caer en una táctica oportunista hacia el PL y los sindicatos (el intento de conseguir puestos en las elecciones sin plantear un programa revolucionario claro y arrastrar a todo tipo de elementos peculiares). Después de haberse quemado los dedos, es natural que los healyistas retrocedan hacia el ultraizquierdismo. La razón ostensible para rechazar cualquier discusión de unidad a cualquier precio con la LSR era porque esta última estaba a favor de un cierto trabajo revolucionario abierto, todo el trabajo sin embargo se centraba en el PL. Ahora tenemos la táctica alocada en la huelga de South Bank, los comités de base histéricos y sin sentido (tratada en la declaración sobre la Newsletter Industrial Conference) abarcando a todos los sectores y secciones de los trabajadores. Esto no ha conseguido atraer más que a un pequeño sector de los militantes, pero ha logrado poner en peligro el trabajo futuro en el Partido Laborista.

Con los healyistas, el aventurerismo ha ido de la mano con el oportunismo. El apoyo a la escisión de los estibadores en Liverpool, que ha tenido consecuencias tan desastrosas, ha ido acompañado de las tácticas oportunistas en el ETU.

Durante un cuarto de siglo o más, la burocracia laborista ha acumulado experiencia de lucha contra el entrismo y el trabajo fraccional del PC. En esta lucha han construido una maquinaria formidable y habilidosa en la lucha contra la infiltración. A esto debemos añadir una década de experiencia en la lucha contra el trotskismo dentro del PL. Esto ha creado enormes dificultades en la manera de organizarnos a escala nacional. Por eso la táctica de los healyista fue irresponsable durante el último período. Si la dirección laborista últimamente se ha relajado, sólo realizando acciones contra individuos, es porque se sienten seguros en sus puestos. En la actualidad, con la capitulación de los bevanistas (aparte del infructuoso grupo Victoria para el Socialismo), la burocracia se siente relativamente segura. Está intentando acallar cualquier oposición defendiendo la unión de la militancia en una campaña para derrotar a los tories en las próximas elecciones generales.

Durante un tiempo pueden tener éxito, o un triunfo parcial, en esto. La publicación del lustroso panfleto sobre el programa electoral laborista garantizará la aceptación de al menos el grueso de la militancia con la esperanza de que, con la elección de un gobierno laborista, las cosas sin duda mejoren.

Es sólo cuestión de tiempo que la entrada del entrismo en el PL asuma una importancia máxima. Por primera vez serán posibles conquistas importantes a escala nacional en el próximo período. Es sólo cuestión de tiempo que los healyistas entren en acción para demostrar su desesperación por conseguir resultados. Esto surge de sus anteriores perspectivas incorrectas, cuando veían un ala de izquierdas de masas desarrollándose dentro del PL en la década pasada.

Tal como están las cosas, parece probable que el laborismo ganará las próximas elecciones, especialmente si la economía permanece estancada y el desempleo alcanza el millón o así para el próximo invierno. El programa laborista tiene algo para todos y el discurso demagógico de Gaitskell en la televisión y en el país será tomado en cuenta por la base. El laborismo ganará las próximas elecciones y los trabajadores les pedirán cuentas. Los elementos avanzados en los sindicatos y el PL exigirán pasos en dirección al socialismo. Los capitalistas ejercerán presión a su vez sobre el gobierno y los líderes laboristas se encontrarán en el medio con su programa hecho jirones. La perspectiva política del próximo gobierno laborista será más como la de 1929 que la de 1945.

Las reivindicaciones de los trabajadores, en los sindicatos y en el PL, se fortalecerán y cobrarán impulso, después del primer período de conmoción y de esperar vigilantemente a que los dirigentes laboristas cumplan sus promesas. La masa de la clase obrera aprende sólo de la experiencia, esto se aplica también a los elementos más activos y avanzados en general, aparte del ala marxista que está guiada por cálculos teóricos. El grueso de la naciente ala de izquierdas está guiada por consideraciones prácticas y juzgará al movimiento de acuerdo con los resultados obtenidos. Sin embargo, serán receptivos y una audiencia atenta cuando el reformismo fracase.

En condiciones de crisis y lucha, se producirá una renovación de todo el movimiento laborista, los delegados sindicales que se han hecho viejos y serviles a la dirección en las fábricas, que se han mantenido gracias a las condiciones relativamente buenas conseguidas en el período pasado, serán sustituidos por militantes más jóvenes, los dirigentes sindicales locales que no reflejen el cambio de ambiente de los trabajadores serán expulsados por el movimiento. Los delegados del PL y del TUC que hoy generalmente casi se seleccionan a sí mismos, debido a la indiferencia reinante en las agrupaciones, tendrán que reflejar el ambiente o serán barridos a un lado. Las agrupaciones del partido reflejarán el nuevo ambiente y se desarrollará una oposición fuerte de izquierdas. En cualquier caso la clase obrera luchará y el desarrollo de la lucha revitalizará y renovará el movimiento, especialmente la juventud, de la que se han conseguido los logros más importantes en el período pasado de trabajo, se radicalizará y buscará una alternativa de izquierdas.

En estas condiciones una corriente reformista de izquierdas o incluso centrista, con una base de masas, se formará dentro del PL: una corriente similar a la que se desarrolló en el PL durante el segundo gobierno laborista, cuando se alejaron del reformismo. Si hubiera existido un ala marxista, o incluso una fracción fuerte trabajando dentro de este entorno, se podrían haber sentado las bases para el desarrollo de un partido revolucionario. En las nuevas circunstancias se producirá una oportunidad similar. Esta es la justificación histórica para la política del entrismo.

Intervendremos en esta corriente, intentaremos abonarla con las ideas del marxismo. La perspectiva conservadora de la clase obrera británica y el movimiento laborista, que está condicionada históricamente por los acontecimientos de las últimas décadas, rápidamente puede desaparecer ante el golpear de los acontecimientos. Los elementos avanzados estarán dispuestos a escuchar las ideas revolucionarias que puedan mostrar una salida al callejón sin salida en el que se encontrará el propio PL como resultado de la política de la dirección. El reformismo aparecerá en bancarrota ante esta capa importante de la clase obrera.

A este respecto hay una lección en la experiencia de la posguerra. Bajo el impulso de la oleada revolucionaria que recorrió Italia, la socialdemocracia se escindió entre derecha e izquierda, con Nenni. Sin embargo, sin una alternativa revolucionaria real que presentar ante ellos, el movimiento fue capturado y se convirtió en un compañero de viaje de los estalinistas.

Existe un peligro similar en Gran Bretaña, a pesar de la fuerte reacción antiestalinista que siguió a los acontecimientos en Hungría, lo que existe es un ala de izquierdas impregnada de ideas estalinistas, especialmente en la cuestión de la política exterior, fuera del PL, con la ayuda de un gran número de compañeros de viaje y estalinistas camuflados, a menos que se combatan activamente dentro del partido, ellos podrían conseguir el control y sofocar el movimiento. Por otro lado cualquier oposición reformista de izquierdas, por el desarrollo de los acontecimientos incluso podría escindirse del PL, y no se podría mantener durante mucho tiempo. O hace la transición hacia una posición revolucionaria, dejando atrás el reformismo, o rápidamente se puede desintegrar. En nuestra época no hay espacio para formaciones centristas de carácter duradero. Por eso la perspectiva para el próximo período hace que la posibilidad del trabajo entrista sea realmente productiva.

Por otro lado, si los dirigentes laboristas no consiguen ofrecer una alternativa socialista audaz, incluso en términos reformistas, a la política y al programa de los tories, su débil posición en el parlamento, su fracaso en movilizar a los trabajadores para liberarse del gobierno, los resultados sin precedentes del gobierno en las tres elecciones generales, no alterarán en lo básico las perspectivas. La lucha de los trabajadores entonces se dará en términos extraparlamentarios en el terreno industrial. Los burócratas laboristas y sindicales en estas circunstancias serán empujados a la izquierda, y girará el partido, al menos en palabras, hacia la lucha socialista contra el gobierno tory. La base despertará completamente y será crítica. En condiciones de lucha puede cristalizar rápidamente un ala de izquierdas. Frente a una clase obrera despierta, el gobierno tory, después de probar la resistencia de los trabajadores, en cierta etapa, dependiendo de la situación económica, si la oposición de la clase obrera amenaza con hacerse más fuerte, con el gobierno perdiendo apoyo, intentará detener a las masas mediante un gobierno laborista. Así preparan el camino para la reacción, para métodos más despiadados contra la clase obrera. Por otro lado, si los tories intentan enfrentarse a la clase obrera, esto se reflejará dentro de las filas de la clase obrera y de este modo en el PL. La base sería más crítica ante la falta de lucha de la dirección, comenzaría el fermento dentro de las bases llevando al desarrollo de un ala de izquierdas y a conclusiones revolucionarias.

En cualquier caso la perspectiva es de intensificación de la lucha de clases encontrando su reflejo dentro de las filas del movimiento obrero. Esta debe ser la perspectiva básica que debemos tener ante nosotros.

Nuestro trabajo cotidiano dentro de las agrupaciones sindicales y laboristas debe estar imbuido de estas ideas. En la actualidad la burocracia laborista basa su maquinaria sólo en una minúscula capa de sus militantes. La experiencia de la pasa década ha tenido su efecto sobre la base. En gran medida los liberados y concejales del partido son la base de su apoyo. Pero no todos. Un sector grande, en distintas agrupaciones, apoya a la izquierda. En condiciones de crisis, esta capa cuyo horizonte está limitado por la rutina de los asuntos locales, se verá afectada por el ambiente de la base.

El partido requiere la brisa renovadora de la lucha de clases que pondrá a prueba todos los aspectos del partido. Debemos mirar adelante con confianza, con nuestro trabajo cotidiano paciente en las agrupaciones, secciones sindicales y comités de empresa. Nuestras perspectivas generales en cada etapa deben ser evaluadas a la luz de los acontecimientos con el propósito de probar, renovar, corregir o ampliar la perspectiva básica, en los casos que deba hacerse.

Una cosa es segura, el actual giro a la derecha en Francia y Europa, y hasta cierto punto en Gran Bretaña, conseguirá un tremendo giro a la izquierda. Acontecimientos, acontecimientos, acontecimientos, estos sacudirán el PL desde sus cimientos. El PL y los sindicatos se convertirán en foros de discusiones revolucionarias. La atmósfera estancada que existe en el partido se transformará.

Como resultado de las traiciones de los bevanistas, algunos de la izquierda se han desanimado y abandonan el partido. Ellos serán sustituidos por docenas, cientos y miles de militantes en el período que se avecina, la experiencia de una huelga es una valiosa analogía. Todo militantes que ha participado en una huelga ha experimentado el efecto acelerador sobre la conciencia de los trabajadores, ellos aprenden rápida y ávidamente. En el transcurso de la acción y la discusión, aprenden en días y semanas lo que de otra manera requeriría años.

A escala nacional, especialmente con el laborismo en el poder, con la presión inexorable de la lucha de clases, sometiendo despiadadamente a prueba todos los programas y perspectivas, el resultado será el mismo. Las condiciones excepcionalmente favorables que impulsaron el reformismo en 1945 ahora es poco probable que ocurran exactamente de la misma forma.

Trabajando con la base para regresar a un gobierno laborista, mientras se critican las insuficiencias del programa, en esta etapa podemos preparar nuestras bases en las zonas donde trabajamos. Nuestro trabajo cotidiano debe estar unido indisolublemente a nuestras perspectivas.

La necesidad más vital para todos los revolucionarios es tener un sentido adecuado de la proporción. Por un lado tener un sentido adecuado de la historia, sin esto estamos perdidos, y por otro lado encontrar un puente hacia el futuro, teniendo en cuenta la relación actual de fuerzas. Nuestras fuerzas y recursos actuales son extremadamente pequeños. Esta ha sido la maldición de la época. A partir de nuestras fuerzas y tareas actuales debemos trabajar cada día con esa perspectiva, sin sucumbir al entorno reformista que nos presiona en este período.

El trabajo teórico e independiente de formación de nuestros propios cuadros debe hacerse al mismo tiempo que nuestro trabajo en el PL. Uno es tan importante como el otro. Cualquiera de los dos es ineficaz sino no somos capaces de cumplir el papel que nos ha dado la historia.

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