miércoles, 26 de junio de 2013

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Por: GM
En meses recientes se ha desatado la polémica en torno a las policías comunitarias, sobre todo los grandes medios de comunicación controlados por el gran capital se han prodigado en toda clase de epítetos y descalificaciones contra estas organizaciones a las que lo menos que se les ha dicho es que pueden acabar convirtiéndose en brazos del crimen organizado.
¿Qué son las policías comunitarias? Básicamente se trata de fuerzas policiales organizadas por los propios pueblos en las zonas rurales con elementos escogidos en la propia comunidad. Como tales, las policías comunitarias llevan ya muchos años de existencia, e incluso han acabado por ser reconocidas por el Estado, su formación arranca con la insurrección zapatista en 1994, que provocó una ola de movimientos de autodeterminación en los pueblos indígenas: “En 1995 nació la Policía Comunitaria de la Montaña de Guerrero, que hoy se extiende a 104 comunidades de 13 municipios del estado. La Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC), nombrada en asambleas regionales, tiene a su cargo las funciones de procuración y administración de justicia. Asimismo, coordina el proceso de reeducación al que son sometidos quienes son encontrados culpables de delitos, el cual consiste en trabajo social a favor de las comunidades.” (Policías comunitarios, grupos de autodefensa y paramilitares por Jesús Ramírez Cuevas en la Jornada del Campo núm. 68, 18 de mayo de 2013).
El proceso de formación de policías comunitarias se extendió a 16 estados, aunque en Guerrero y Michoacán es donde más se ha extendido y afianzado. Pero lo que ha detonado la atención del Estado y los medios burgueses ha sido la participación de sectores de las policías comunitarias en las movilizaciones del magisterio que tuvieron lugar este año, lo que tuvo el efecto de poner al estado frente a frente con una organización popular legítimamente armada, ¡vaya afrenta al poder!
Por otra parte al calor de la agitación popular en Guerrero y Michoacán y el frenesí destructivo de las bandas criminales del narcotráfico, se formaron espontáneamente grupos de autodefensa, básicamente patrullas ciudadanas que buscaban evitar los desmanes y crímenes de los delincuentes. Súbitamente tenemos dos estados de la República con una situación de una cuasi-guerra civil, en la que la propia población deja de ser rehén para tomar las armas.
El estupor y la indignación de la burguesía frente a las fuerzas armadas populares es de una hipocresía extrema, por cuanto la misma burguesía se arma hasta los dientes en perjuicio del pueblo, bástenos recordar los casos de las tristemente célebres “guardias blancas” rurales, bandas armadas para despojar a los campesinos de tierras y agua y para escarmentar a los que se atreviesen a defenderse; así como los paramilitares, organizados estos por el Ejército y la policía para sembrar el terror en las comunidades que luchan por la democracia y a las que se acusa con razón o sin ella de ser “nidos de guerrilleros”. Pero también recordemos como los ricos se rodean de guardaespaldas y custodios privados que suelen ser acusados de prepotencia y abusos en la vía pública durante sus servicios, y de los cuales nada o poco se dice. El “empresariado” habla por boca de Juan Pablo Castañón, presidente de la Confederación Patronal Mexicana (Coparmex):
“ya hemos visto estos fenómenos en otros países como Colombia, donde las policías comunitarias fueron cooptadas y subvencionadas por grupos delictivos, que al acercárseles para proveerles armas lograron penetrar y luego manipular estas instituciones, y finalmente quiebran el Estado de derecho, lo rompen y atentan contra de la paz y el orden y la seguridad nacional”. Esto “es un peligro latente que se combate con un Estado fuerte, seguro, un Estado con instituciones, un Estado con los recursos suficientes, y una cobertura completa de todo el territorio nacional” (Íbidem).
No tiene desperdicio. ¡Como si los delincuentes no se infiltraran en los cuerpos policiacos estatales y privados! Cuando se trata de los intereses capitalistas no importa tanto el “Estado de derecho”, pero cuando se trata de la población, entonces “se necesita un Estado fuerte”. Esto nos permite ver claramente que detrás de la alharaca de los medios no se halla otra cosa que el temor atávico que tiene la burguesía hacia el pueblo en armas que defiende su vida y sus intereses; aquellos que debieran esperar con resignación su ruina y la de sus familias toman las armas y con ellas aunque sea una pequeña parte de poder, desvelando de un tirón la razón última de ser del régimen de producción actual: la violencia: aquello que los apologistas, involuntarios o no, quisieran ocultar pudorosamente detrás del velo de las “leyes inmutables” del derecho, la democracia, las elecciones y “el bien superior de la nación” se revela como una abierta y descarnada lucha de clases que se libra en cada pueblo y en cada ciudad del país y que anima también aunque de manera tortuosa y siniestra la “guerra del narco.”

Periódico Revolución
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