domingo, 30 de junio de 2013

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Federico Alfvén
Hace ya un año desde la elección presidencial, donde Peña Nieto a través de compra de votos y demás ganó la presidencia de la república. Creemos que es importante hacer una valoración de la lucha que se dio previo a las elecciones pero fundamentalmente la que se ha dado después de ésta.
Los fraudes electorales no han salido muy caros. En México, el deporte nacional es el fraude electoral. Es común que siempre exista compra de votos, representantes de casillas, magistrados, etc. Lo contrario es la rareza. En tiempos normales, cuando hay una elección, no hay problema grave si se descubre dichos actos. Las personas normales dicen: “bueno, siempre lo hacen, siempre sabemos que va a ganar el PRI (o el PAN, en su caso)”. Pero en momentos en los que no hay tanta apatía, dichos actos pueden causar luchas importantes del pueblo por hacer valer su voto.
Los fraudes electorales han sido muy caros. Si contamos como el primer fraude electoral al de 1988, cuando Carlos Salinas ganó la presidencia, el segundo cuando nos la robó Calderón y el tercero este que puso en la silla a Peña, y comparamos los niveles de vida que había antes de 1988 y los que existen ahora, vemos que los trabajadores estamos en niveles muy bajos. Los fraudes electorales no han costado la venta de bancos, ferrocarriles, teléfonos y todas las empresas que eran del estado y pasaron a manos privadas, también la eliminación de contratos colectivos, la reducción de prestaciones de ley, el aumento a los precios de todas las mercancías y servicios, la pérdida de empleos, el rechazo a la educación pública, etc. Ahora con este último fraude, está en juego la propiedad estatal de PEMEX, ya se reformó la Ley Federal del Trabajo, la guerra del narcotráfico está lejos de detenerse, etc.
Ante esto nos damos cuenta de que hay algo que no hemos hecho para revertir dichos actos, pero mejor dicho: hay algo que nuestros dirigentes no han hecho para evitar tanto los fraudes como los ataques a nuestras condiciones de vida. En el 2006 hubieron movimientos sociales muy importantes a nivel nacional a tal grado que estuvimos en la ante sala de una revolución. Por un lado, teníamos la lucha de la APPO en Oaxaca intentando derrocar a Ulises Ruiz, en Michoacán y otros estados estallaban huelgas en defensa del sindicato minero y principalmente en el centro del país luchábamos contra la imposición de Felipe Calderón. Muchas personas salimos a las calles, nos organizamos en la APPO, en el plantón de reforma y demás. Siempre estuvimos al frente y poníamos manos a la obra a lo que la dirección nos indicara. El problema fue que nuestras organizaciones no llamaron a cumplir nuestros objetivos claramente: poner a Obrador en la presidencia, derrocar a Ulises Ruíz, respetar el sindicato minero. Ni trazaron un plan que nos condujera al triunfo.
Ahora en este último fraude pasa algo similar. A Peña Nieto ningún trabajador realmente lo quiere. Quien llegó a votar por él no lo hizo conscientemente, si no engañado con esa idea de que todo va a seguir igual y nada cambiará. Cada vez se escucha más la idea de la revocación de mandato, es decir que renuncie a la presidencia, es decir: derrocarlo. Pero mientras tanto, Peña está en el gobierno y ya nos está haciendo la vida imposible. Tan sólo vemos que han incrementado los precios de la gasolina y todo lo demás ha subido. Entonces, ¿Qué teníamos que haber hecho y qué tenemos que hacer? El año pasado, con el fermento de las elecciones podríamos haber llamado a unificar los movimientos del #yosoy132, el MORENA y la campaña de Obrador por un solo objetivo: poner a Obrador en la presidencia, evitando el regreso del PRI. Ahora la unidad en la acción es más que necesaria. Todos los movimientos que han surgido y los que ya existían desde antes, debemos unirnos para derrocar a Peña Nieto y no podemos poner nuestras esperanzas hasta las elecciones de 2018. Si se hace una campaña seria, con un plan bien establecido y, principalmente, llamando al conjunto de trabajadores a la acción (a través de sus sindicatos y otras organizaciones) podemos evitar que Peña se mantenga en el gobierno.
Los pasados fraudes electorales nos han enseñado que si permitimos que quién se robó la presidencia se mantiene, será más caro que si damos una lucha frontal contra éste. El caso más claro fue el fraude de 2006: en repetidas ocasiones Obrador decía que no llamaba a la movilización para evitar un derrame de sangre. Pues por no llamar a esa movilización pasó lo contrario: decenas de miles de muertos por la guerra del narcotráfico. Seguramente hubieran sido muchísimo menos muertos si se hubiera llamado a una huelga general para poner a Obrador en la presidencia.
¡Frente único contra Peña Nieto!
¡Obrador, presidente nacional 2013-2018!

Periódico Revolución
Sobre el Autor: Periódico Revolución
Es una publicación impresa y digital, como un esfuerzo de Morena Socialista para recuperar la teoría marxista al interior del partido morena.