Por Gilberto Mayoraga

[Texto publicado originalmente en el Boletín Interno de la Izquierda Socialista]

El concepto de capitalismo monopolista de Estado (CME) fue desarrollado por Lenin en la segunda
década del siglo XX a raíz de sus estudios sobre el imperialismo.

Lenin llegó a una serie de conclusiones sobre el desarrollo del capitalismo a partir de la
internacionalización del capital que cobró un ritmo de expansión acelerado a partir de los 1870s. La
época de la internacionalización del capital ha sido una época de profundos cambios en las formas de
acumulación capitalista, pero sus efectos han sido de largo alcance en el capitalismo como sistema,
como un todo.

El imperialismo ha significado un profundo cambio en torno a la cuestión del Estado capitalista,
respecto a la época en que predominaba la libre competencia. El Estado asume nuevas tareas y
funciones en la sociedad; ahora es garante del mantenimiento del orden socio-político, pero también
pasa a jugar un papel determinante en el ciclo económico de la acumulación de capital, garantizando
las ganancias de los grandes monopolios, que pasan a ser monopolios de Estado (no confundir con los
monopolios del Estado, que son sólo un tipo de monopolios de Estado).

Los monopolios de Estado son el producto de la simbiosis del Estado y los consorcios. Esta simbiosis
cobra diferentes formas: la creación de combinados industriales-financieros, los rescates bancarios, la
asignación de contratos, convenios y concesiones ventajosos, y el intercambio de personal dirigente.
Formas que si bien se remontan a formas anteriores del capitalismo, ahora se hallan plenamente
desarrolladas y son la marca principal del capitalismo contemporáneo.

El predominio de los monopolios no podía mantenerse indefinidamente en un estadio primigenio, en el
cual el monopolio podía mantenerse sin la intervención directa del Estado. El crecimiento de las redes
de los monopolios los llevó al choque directo con otros monopolios, lo que forzó la aparición en escena
de los Estados, el resultado fueron las guerras imperialistas que estallaron desde fines del siglo XIX
hasta el momento presente.

En sus trabajos sobre el imperialismo, Lenin se plantea comprender los caminos concretos que habrá de
seguir la revolución proletaria en el marco del capitalismo contemporáneo, y cómo esta revolución
puede convertirse en una revolución socialista, una revolución que instaure el socialismo. El concepto
clave será el de capitalismo monopolista de Estado.

Cuando Lenin define el imperialismo como la fase monopolista del capitalismo aporta una definición
histórico-social y no puramente económica, como pretenden los “críticos”, el hecho de que Lenin diera
esta forma a su exposición en la obra clásica El imperialismo, fase superior del capitalismo fue
explicado en su momento por él mismo de manera suficiente en el prologo a la primera publicación de
la obra (abril de 1917):

“El folleto está escrito teniendo en cuenta la censura zarista. Por esto, no sólo me vi precisado a
limitarme estrictamente a un análisis exclusivamente teórico — sobre todo económico —, sino también
a formular las indispensables y poco numerosas observaciones de carácter político con una
extraordinaria prudencia, por medio de alusiones, del lenguaje a lo Esopo, maldito lenguaje al cual elzarismo obligaba a recurrir a todos los revolucionarios cuando tomaban la pluma para escribir algo con
destino a la literatura ‘legal’” (V. I. Lenin, Prólogo a El imperialismo, fase superior del capitalismo).

Así, hay que completar las tesis de Lenin del Imperialismo... con las que se hallan en obras ilegales,
pues éstas contienen conclusiones enriquecedoras en torno a la cuestión:
“Los malhadados marxistas al servicio de la burguesía, a los que se han sumado los eseristas y que ven
las cosas de ese modo, no comprenden (si se considera las bases teóricas de su opinión) qué es el
imperialismo, qué son los monopolios capitalistas,qué es el Estado, qué es la democracia
revolucionaria. Porque si se comprende todo eso,habrá que reconocer forzosamente que es imposible
avanzar sin marchar hacia el socialismo”. (V. I. Lenin, La catástrofe que nos amenaza y cómo
combatirla
en Obras, Tomo VII 1917-1918, pág. 86, Ed. Progreso, Moscú, 1973).

Y, a renglón seguido:

“Todo el mundo habla del imperialismo. Pero el imperialismo no es otra cosa que el capitalismo
monopolista.

“Que el capitalismo se ha transformado en capitalismo monopolista también en Rusia lo evidencian con
toda claridad Prodúgol y Prodamet, el consorcio del azúcar, etc. El mismo consorcio azucarero nos
demuestra palmariamente la transformación del capitalismo monopolista en capitalismo monopolista
de Estado
(subrayado mío, GM).” (Íbidem)

En seguida, Lenin aporta líneas que no tienen desperdicio:

“¿Y qué es el Estado? Es la organización de la clase dominante; en Alemania, por ejemplo, la
organización de los junkers y los capitalistas. Por eso, lo que los Plejánov alemanes (Scheidemann,
Lensch, etc.) llaman ‘socialismo de guerra’, sólo es, en realidad, un capitalismo monopolista de Estado
en tiempo de guerra, o, dicho en términos más sencillos y más claros, un presidio militar para los
obreros y un régimen de protección militar para las ganancias de los capitalistas
(subrayado mío,
GM).

“Pues bien, prueben ustedes a sustituir ese Estado de junkers y capitalistas, ese Estado de terratenientes
y capitalistas, con un Estado democrático revolucionario, es decir, con un Estado que suprime
revolucionariamente todos los privilegios, que no tema implantar por vía revolucionaria la democracia
más completa. Y entonces verán que el capitalismo monopolista de Estado, en un Estado democrático y
revolucionario de verdad, representa inevitablemente,infaliblemente, ¡un paso, varios pasos hacia el
socialismo!

“En efecto, cuando una empresa capitalista gigantesca se convierte en monopolio, sirve a todo el
pueblo. Si se convierte en monopolio de Estado, el Estado (o sea, la organización armada de la
población, de los obreros y los campesinos, en primer lugar, si se trata de un régimen de democracia
revolucionaria) dirige toda la empresa. ¿En interés de quién?

– O bien en interés de los terratenientes y los capitalistas, en cuyo caso no tendremos un Estado
democrático revolucionario, sino un Estado burocrático reaccionario, es decir, una república
imperialista,– o bien en interés de la democracia revolucionaria, en cuyo caso ello será precisamente un paso
hacia el socialismo.

“Porque el socialismo no es otra cosa que el paso siguiente después del monopolio capitalista de
Estado. O dicho en otros términos: el socialismo no es otra cosa que el monopolio capitalista de Estado
puesto al servicio de todo el pueblo y que, por ello, ha dejado de ser monopolio capitalista.
“No hay término medio. El curso objetivo del desarrollo es tal que resulta imposible avanzar,partiendo
de los monopolios (cuyo número, papel e importancia ha venido a decuplicar la guerra), sin marchar
hacia el socialismo.

“O se es demócrata revolucionario de hecho, y en ese caso no hay por qué temer ningún paso hacia el
socialismo; o se temen y condenan los pasos hacia el socialismo, como lo hacen Plejánov, Dan y
Chernov, alegando que nuestra revolución es una revolución burguesa, que no se puede ‘implantar’ el
socialismo, etc., etc., y entonces se rueda fatalmente hasta caer en los brazos de Kerenski, Miliukov y
Kornílov, es decir, hasta caer en la represión burocrática reaccionaria de las aspiraciones ‘democráticas
revolucionarias’ de las masas obreras y campesinas.

“No hay término medio.

“Y en esto estriba la contradicción fundamental de nuestra revolución.
“En la historia en general, y en épocas de guerra en particular, no se puede estar parado. Hay que
avanzar o retroceder. En la Rusia del siglo XX, que ha conquistado la república y la democracia por vía
revolucionaria, es imposible avanzar sin marchar hacia el socialismo, sin dar pasos hacia él (pasos
condicionados y determinados por el nivel técnico y cultural: en la agricultura basada en las pequeñas
haciendas campesinas es imposible ‘introducir’ la gran explotación mecanizada; en la fabricación de
azúcar es imposible suprimirla).

“Y tener miedo a avanzar significa retroceder, que es precisamente lo que hacen los señores Kerenski,
con gran fruición de los Miliukov y los Plejánov y con la estúpida complicidad de los Tsereteli y los
Chernov. La guerra, al acelerar en grado extraordinario la transformación del capitalismo
monopolista en capitalismo monopolista de Estado, ha acercado con ello extraordinariamente a la
humanidad al socialismo: tal es la dialéctica de la historia
(subrayado mío, GM).

“La guerra imperialista es la víspera de la revolución socialista. Y no sólo porque la guerra engendra,
con sus horrores, la insurrección proletaria-pues no hay insurrección capaz de instaurar el socialismo si
no han madurado las condiciones económicas para él-, sino también porque el capitalismo monopolista
de Estado es la preparación material más completa para el socialismo, su antesala, un peldaño de la
escalera histórica entre el cual y el peldaño llamado socialismo no hay ningún peldaño intermedio

(subrayado mío, GM).

* * *
“Nuestros eseristas y mencheviques enfocan el problema del socialismo de una manera doctrinaria,
desde el punto de vista de una doctrina aprendida de memoria y mal asimilada. Presentan el socialismo
como un porvenir lejano, desconocido y nebuloso.“Pero el socialismo asoma ya por todas las ventanas del capitalismo moderno, el socialismo se perfila
de forma inmediata, prácticamente, en toda medida importante que represente un paso adelante a
partir del capitalismo moderno
(subrayado mío, GM).

“¿Qué es el trabajo general obligatorio?

“Un paso adelante sobre la base del capitalismo monopolista moderno, un paso hacia la regulación de
la vida económica en su conjunto de acuerdo con un plan general concreto, un paso hacia un régimen
de ahorro de trabajo del pueblo para impedir su absurdo despilfarro por el capitalismo.

“En Alemania son los junkers (los latifundistas) y los capitalistas quienes implantan el trabajo general
obligatorio; por eso, dicha medida se convierte inevitablemente en un presidio militar para los obreros.
“Pero tomemos la misma institución y reflexionemos en la importancia que tendría en un Estado
democrático revolucionario. El trabajo general obligatorio, implantado, reglamentado y dirigido por los
Soviets de diputados obreros,soldados y campesinos, no sería todavía el socialismo, pero no sería ya
el capitalismo. Representaría un paso gigantesco hacia el socialismo, un paso después del cual, si se
mantuviese una democracia plena, sería imposible retornar al capitalismo sin recurrir a una violencia
inaudita sobre las masas.” (Íbid. 86-87).

La concepción de Lenin se inscribe plenamente en el marco de las ideas que animaron su accionar en
las jornadas de la Revolución de Octubre.

Sin embargo, hay “críticos” que sostienen que la idea de Lenin acerca del CME es una especie de
concepto operativo que no tuvo otro fin que instrumentar las acciones en el proceso concreto de la
Revolución, o sea, que sólo tuvo sentido hablar de CME en el marco concreto de la instauración del
socialismo en la URSS, y que, de plano, sólo conviene hablar de CME en determinadas coyunturas,
como la Alemania nazi o la República Popular China.

En pocas palabras, para los “críticos” el CME carece de alcance histórico-social, y se limita a un cierto
estadio transitorio del capitalismo. Nunca explican los “críticos” cómo logra el capitalismo semejante
regeneración que le permite mantenerse en el estadio anterior a la Guerra imperialista mundial por
décadas y “desmantelar” el CME ahí donde surge. Éste es el verdadero enigma de la “crítica” a la
teoría leninista del CME, teoría que los “críticos” confunden con la doctrina revisionista del
capitalismo de Estado, con la cual nada tiene que ver.

Pues, como Lenin indica, el CME es un proceso que recorre el mundo desde la Primera Guerra
imperialista mundial:

“La cuestión del Estado adquiere actualmente una importancia singular, tanto en el aspecto teórico
como en el aspecto político práctico. La guerra imperialista ha acelerado y agudizado
extraordinariamente el proceso de transformación del capitalismo monopolista en capitalismo
monopolista de Estado. La opresión monstruosa de las masas trabajadoras por el Estado, que se va
fundiendo cada vez más estrechamente con las asociaciones omnipotentes de los capitalistas, cobra
proporciones cada vez mas monstruosas
(Subrayado mío, GM). Los países adelantados se convierten —
y al decir esto nos referimos a su “retaguardia” — en presidios militares para los obreros. Los inauditoshorrores y calamidades de esta guerra interminable hacen insoportable la situación de las masas,
aumentando su indignación. Va fermentando a todas luces la revolución proletaria internacional. La
cuestión de la actitud de ésta hacia el Estado adquiere una importancia práctica.” (V. I. Lenin, Prólogo a
la primera edición de El Estado y la revolución, Agosto 1917).

¡El CME delineado en la primera página de El Estado y la revolución! Entonces ¿es el CME un
concepto histórico-social desarrollado por Lenin o una idea coyuntural?

En esta misma obra, Lenin traza el papel histórico del CME:

“Un ingenioso socialdemócrata alemán de la década del 70 del siglo pasado, dijo que el correo era un
modelo de economía socialista. Esto es muy exacto. Hoy, el correo es una empresa organizada según
el patrón de un monopolio capitalista de Estado. El imperialismo va convirtiendo poco a poco todos
los trusts en organizaciones de este tipo
(subrayado mío, GM). En ellos vemos esa misma burocracia
burguesa, entronizada sobre los ‘simples’ trabajadores, agobiados de trabajo y hambrientos. Pero el
mecanismo de la gestión social está ya preparado en estas organizaciones. No hay más que derrocar a
los capitalistas, destruir, por la mano férrea de los obreros armados, la resistencia de estos explotadores,
romper la máquina burocrática del Estado moderno, y tendremos ante nosotros un mecanismo de alta
perfección técnica, libre del ‘parásito’ y perfectamente susceptible de ser puesto en marcha por los
mismos obreros unidos, dando ocupación a técnicos, inspectores y contables y retribuyendo el trabajo
de todos éstos, como el de todos los funcionarios del ‘Estado’ en general, con el salario de un obrero.
He aquí una tarea concreta, una tarea práctica que es ya inmediatamente realizable con respecto a todos
los trusts, que libera a los trabajadores de la explotación y que tiene en cuenta la experiencia ya iniciada
prácticamente (sobre todo en el terreno de la organización del Estado) por la Comuna.

“Organizar toda la economía nacional como lo está el correo para que los técnicos, los inspectores, los
contables y todos los funcionarios en general perciban sueldos que no sean superiores al ‘salario de un
obrero’, bajo el control y la dirección del proletariado armado: he ahí nuestro objetivo inmediato. He
ahí el Estado que nosotros necesitamos y la base económica sobre la que este Estado tiene que
descansar. He ahí lo que darán la abolición del parlamentarismo y la conservación de las instituciones
representativas, he ahí lo que librará a las clases trabajadoras de la prostitución de estas instituciones
por la burguesía.” (V. I. Lenin, El Estado y la revolución, Capítulo III, Apartado 3, en
www.marxists.org).

Y más adelante:

“La crítica del proyecto del programa de Erfurt, enviada por Engels a Kautsky el 29 de junio de 1891 y
publicada sólo después de pasados diez años en la revista ‘Neue Zeit’, no puede pasarse por alto en un
análisis de la doctrina del marxismo sobre el Estado, pues este documento se consagra de modo
principal a criticar precisamente las concepciones oportunistas de la socialdemocracia en la cuestión de
la organización del Estado.

“Señalaremos de paso que Engels hace también, en punto a los problemas económicos, una indicación
importantísima, que demuestra cuán atentamente y con qué profundidad seguía los cambios que se iban
produciendo en el capitalismo moderno y cómo ello le permitía prever hasta cierto punto las tareas de
nuestra época, de la época imperialista. He aquí la indicación a que nos referimos: a propósito de las
palabras ‘falta de planificación’ (Planlosigkeit ), empleadas en el proyecto de programa paracaracterizar al capitalismo, Engels escribe:

‘Si pasamos de las sociedades anónimas a los trusts, que dominan y monopolizan ramas industriales
enteras, vemos que aquí terminan no sólo la producción privada, sino también la falta de planificación’
(“Neue Zeit”, año 20, t. I, 1901-1902, pág. 8).

“En estas palabras se destaca lo más fundamental en la valoración teórica del capitalismo moderno, es
decir, del imperialismo, a saber: que el capitalismo se convierte en un capitalismo monopolista.
Conviene subrayar esto, pues el error más generalizado está en la afirmación reformista-burguesa de
que el capitalismo monopolista o monopolista de Estado no es ya capitalismo, puede llamarse ya
‘socialismo de Estado’, y otras cosas por el estilo
(subrayado mío, GM). Naturalmente, los trusts no
entrañan, no han entrañado hasta hoy ni pueden entrañar una completa sujeción a planes. Pero en tanto
trazan planes, en tanto los magnates del capital calculan de antemano el volumen de la producción en
un plano nacional o incluso en un plano internacional, en tanto regulan la producción con arreglo a
planes, seguimos moviéndonos, a pesar de todo, dentro del capitalismo, aunque en una nueva fase suya,
pero que no deja, indudablemente, de ser capitalismo. La ‘proximidad’ de tal capitalismo al socialismo
debe ser, para los verdaderos representantes del proletariado, un argumento a favor de la cercanía, de la
facilidad, de la viabilidad y de la urgencia de la revolución socialista, pero no, en modo alguno, un
argumento para mantener una actitud de tolerancia ante los que niegan esta revolución y ante los que
encubren las lacras del capitalismo, como hacen todos los reformistas.” (Íbid. Capítulo IV).

Para Lenin la cuestión del Estado y del imperialismo estaban imbricadas en un mismo proceso histórico
con la cuestión de la revolución proletaria, y era un error tratar de tratarlas como cuestiones separadas,
pues una verdadera estrategia sólo podía y puede elaborarse con base en una perspectiva correcta y
realista de la cuestión del Estado bajo el imperialismo y no con ilusiones reformistas que dejan “para
después” la elaboración de la teoría científica de la transformación del capitalismo en socialismo,
misma que sustituyen “por el momento” con ilusiones pequeñoburguesas acerca de un imperialismo
homogéneo donde el Estado “sólo es garante de la explotación capitalista pero no participa de ella”,
etc. Los “críticos” admiten solo de palabra la teoría leninista del imperialismo, pero en los hechos
rechazan las conclusiones que se desprenden de ella.

Periódico Revolución
Sobre el Autor: Periódico Revolución
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