Escrito por: John Krieger.

Tras la revolución de febrero de 1917, el gobierno provisional encabezado por Kerensky fue producto de una contradicción (la paradoja de la revolución de febrero) de la que Trotsky escribió en su maravillosa “Historia de la revolución rusa”. Los obreros triunfan y son capaces de poner en el poder su propio gobierno, llevar a cabo un programa de expropiaciones etc., en vez de ello colocan a los reformistas como los nuevos jefes del país y estos nuevamente se ponen al servicio de los grandes capitales, contra quienes estalló la revolución. Cambiar para que nada cambie. Por eso, en abril de 1917, Lenin, tras su arribo, se manifestó abiertamente contra el gobierno provisional y la coalición promovido por Zinoviev, Kamenev y Stalin (notese que desde entonces, Stalin ya promovía “el frente popular” causante de la derrota de la revolución española de 1931-37).

El gobierno provisional de 1917 estaba formado por individuos que no pertenecían al movimiento obrero sino por gente que en el mejor de los casos satelizaba alrededor de él. Es decir, abundaban los oportunistas y carreristas ajenos al movimiento.

López Obrador no llegará al poder a través de la vía electoral, sólo una Revolución proletaria lo puede poner en la silla presidencial, (igual que Kerensky en 1917. Muy probablemente, tras la revolución, AMLO se volverá un micro bonaparte como su análogo ruso, de esto escribiremos en otra ocasión), muy a pesar de sus deseos.

La planilla de morena a la asamblea Constituyente es el símil mexicano del gobierno provisional de la Rusia de 1917, es una ventana con vista al futuro que nos muestra lo que nos espera tras el primer triunfo de la revolución, ¡Los fantasmas de los carreristas de 1917 vuelven a levantar la cabeza en México! Ninguno de los participantes es un destacado dirigente sindical o fundador de morena, por el contrario, abundan los empresarios enemigos de las causas del pueblo trabajador, por ejemplo, Lilia Rossbach y Moisés Araf. Todos estos roban trabajo al obrero, la próxima revolución socialista va dirigida contra ellos, no tiene razón de ser su participación en Morena.

Los actores Bruno Bichir, Damián Alcázar y Héctor Bonilla (este último un rabioso antiparista de la huelga de 1999-2000 en la UNAM) son ajenos al movimiento obrero y su llegada a morena es oportunista, los jefes del partido piensan que por tratarse de famosos las masas les votarán inflando de manera artificial la simpatía a Morena. Esta táctica electoral fue implementada por López Obrador en el PRD durante su presidencia del partido, no es nueva y resultó muy dañina porque a corto plazo ayudó a ganar puestos públicos pero al cabo de un tiempo la atiborro de oportunistas. Este es un atajo a la historia, busca suplirse la explicación a través de una medida administrativa, después de todo, las bases del partido jamás les votaron para ir en dicha lista.

Imponer este tipo de candidatos es una actitud de desprecio de los dirigentes de Morena hacia sus bases. La planilla no es más que una muestra de lo que sucede en el partido. José Ramón López Beltrán ha generado una estructura paralela (su propia fracción, a pesar de que el mismo estatuto las prohíbe, más abajo explicaremos que esta medida es nociva para la salud del nuevo partido). Esta es el verdadero órgano de transmisión de las decisiones ya tomadas de antemano por AMLO. Aquí está el tumor del burocratismo de Morena.

No daremos muchos detalles de cómo degenero burocráticamente la URSS (para ello invitamos al lector a leer el libro de Ted Grant “Rusia: de la revolución a la contrarrevolución”), pero si describiremos una semejanza entre el actual régimen de morena y la descomposición del partido bolchevique tras la muerte de Lenin. Los reformistas de forma oportunista señalan los crímenes del tirano Stalin para desacreditar al marxismo, sin embargo, ellos son los primeros en imitar sus métodos criminales y antidemocráticos.

Tras el décimo congreso del partido bolchevique se prohibieron las fracciones y esta funesta orientación dio origen al estalinismo. En morena están prohibidas las fracciones y por tanto la democracia está minada. Un partido sin fracciones es un organismo sin circulación sanguínea que está destinado a la muerte.

Sin embargo, la cosa es peor porque se ha impuesto la fracción del dirigente sobre las estructuras del partido, por otro lado, el aparato prohíbe la formación de fracciones. Nos han impuesto la ley del embudo sin que lo notemos. De mantenerse las cosas como hasta hoy Morena volará por mil pedazos. Por eso nosotros los marxista somos honestos y planteamos las cosas como son; reiteramos, es urgente un ala socialista que reivindique las expropiaciones, el control obrero y sobre todo llamé a derrocar a Peña Nieto porque sin esto no se podrán realizar las demás reivindicaciones del movimiento.

Periódico Revolución
Sobre el Autor: Periódico Revolución
Es una publicación impresa y digital, como un esfuerzo de Morena Socialista para recuperar la teoría marxista al interior del partido morena.