Escrito por: Gregorio Casas

El actuar de los obreros el pasado mes de septiembre es muy semejante en todas partes del mundo cuando estos luchan contra la catástrofe. Ejemplos abundan. Chernobil en 1986; Fukushima en 2011, México en 1985, la invasión de los cuicos (nazis) a la Unión Soviética en los 40’s etc.

Se trata de una cuestión instintiva, el obrero actúa de forma más emocional que intelectual. La continua repetición de este fenómeno en diversas ocasiones nos lleva a asegurar que forma parte de su instinto de clase. De no ser por ellos este tipo de catástrofes tendrían peores repercusiones. La intervención de nuestra clase lo cambia todo.

Muchos de los relatos de Svetlana Alexievich sobre Chernobil o la guerra contra los nazis pueden compararse hoy con los relatos tras los sismos de septiembre. No difieren en mucho. Recomendamos su lectura.

No es para menos, el proletariado es la única clase capaz de generar riquezas, porque su única posesión, la fuerza de trabajo tiene esa peculiaridad. Si la hecatombe destruye todo a su paso habrá que reconstruir y el único poder capaz de levantar esta misión es el del proletariado. El planeta tierra es la alacena y el obrero el cocinero. Cuando el enfrentamiento es contra edificios derrumbados en busca de posibles víctimas con vida en un ambiente de oscuridad donde el aire es tan penetrante como gas lacrimógeno sólo un minero o un trabajador de la construcción puede soportarlo.

El rescate bajo estas condiciones es por etapas. La primer parte es cargar la edificación derrumbada piedra por piedra. No se puede hacer “de un jalón” porque se pone en riesgo a las víctimas. Cuando nadie está a la vista se emplea la maquinaria pesada para evitar derrumbes de partes de edificaciones que se mantienen inestables. Se detiene este proceso y se inicia la recolección a mano como arriba se menciona. Este proceso se mantiene hasta que se encuentra a alguien y así sucesivamente hasta encontrar a todos los accidentados.

Es un proceso muy lento porque hay que cargar a mano y remover piedra por piedra lo que fue una gran edificación. Hay que tener mucha paciencia, fuerza de voluntad para levantar dicha empresa. En la primer línea del frente, contra las ruinas se pone la clase obrera, tras de ellos miles de voluntarios como pequeños artesanos, profesionistas, estudiantes, etc. recolectan con cubetas todo el cascajo para depositarlo al final en grandes camiones ¡Exactamente igual que en la revolución socialista! ¡El obrero arrastra tras de si al resto de los explotados!

En la revolución socialista el ejército, en particular la marina, se pone del lado del proletario y participa con él siguiendo su directriz. Hubo señales de esto durante los trabajos de rescate. Los altos mandos de esta instancia conscientes de la confraternidad con el pueblo hicieron lo posible por boicotearla. Pero pese a sus esfuerzos lo vivido dejó una profunda impresión en los soldados.

La burguesía es incapaz de atraer a las demás clases en desgracia porque ni siquiera es capaz de respetar sus antiguas posesiones. Se comporta como un carterista, que usa el aparato jurídico que le permite un mayor margen de acción. No hay más, su actuar empuja a las clases intermedias a las acciones del proletariado.

Lo más miserable de la humanidad está encarnado en esta clase. Tras el terremoto de 1985 antes de la reconstrucción y lejos de la terminación de los rescates, los banqueros compraron (robaron) los terrenos derrumbados para construir sobre ellos una vez terminadas los trabajos de salvamento.

El Teletón está completamente desacreditado, se tuvo que suspender porque las clases bajas no estaban dispuestas a colaborar. Los grandes capitales desesperados intentaron relanzar esta campaña con otro nombre en los Estados Unidos, pero para su infortunio los ciclones que destruyeron parte del país les impidió la falsa campaña de caridad porque todos los esfuerzos se realizarían en defensa de los damnificados. Sin embargo los terremotos de septiembre les abrió otra oportunidad para hacerse de recursos públicos. La deleznable campaña “Fuerza México” tiene como propósito robar recursos públicos para los intereses privados.

Exigimos que debe distribuirse viviendas de manera gratuita a todos los damnificados, nada de créditos y por el contrarío se les debe indemnizar de acuerdo al nivel de daños. Lo arriba escrito es un pequeño ensayo de los posteriores enfrentamientos entre clases que presenciaremos en la primer revolución socialista de Norteamérica, un símbolo de la revolución venidera.

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