Escrito por: Greg Oxley

La elección de Macron como presidente de Francia fue recibida con entusiasmo entre los mercados financieros. Cuando el resultado fue difundido, la bolsa parisina se fue a la alza. Angela Merkel Jean-Claude Juncker y todos sus achichincles europeos anti Seguridad Social expresaron su satisfacción. El que los representantes del orden hayan dado la bienvenida a Macron es suficiente para mostrarnos la verdadera careta de los medios que pretenden hacernos creer que Macron es un radical de nuevo tipo. Como ex-ministro de economía y finanzas del gobierno de Hollande (así como uno de sus más cercanos consejeros), sus políticas, lejos de ser nuevas, correrán el mismo camino que las de Sarkozy y Hollande.  Durante su investidura, Macron señaló a su principal ministro de entre los políticos de la derecha del partido republicano. 

A lo largo del 2016 tras notar que la política de Hollande se venía haciendo cada vez más impopular, Macron hábilmente adoptó una política de crítica al gobierno, colocándose asimismo como oposición al stablishment. A pesar del servilismo de Hollande y su primer ministro Valls a la clase capitalista, esta considera que no han hecho suficiente para satisfacer sus demandas. Macron  promete una política más agresiva. Cuando las oportunidades de François Fillon, se vinieron abajo por los escándalos de corrupción, Macron reapareció como un buen sustituto a los ojos de los capitalistas. Posteriormente, con el apoyo de las clases medias, se proyectó así mismo como candidato de centro, ni de derechas ni de izquierda.

El problema del centro (!) es que no puede existir, mucho menos en la actualidad. Un gigantesco abismo separa a las clases. La sociedad es dominada por una clase para la cual es primordial destruir todos los bienes ganados en el pasado. Éste hecho no da oportunidad a medias tintas. Todos los partidos deben escoger su sitio. Macron eligió el suyo desde  hace mucho tiempo. El mito del centro desaparecerá rápidamente. Las primeras medidas que tomará serán signos  significativos  de su proximidad a la clase capitalista, destruirá las reformas sobre Seguridad Social ganadas en el pasado que sobrevivieron a las contrarreformas de Hollande. La popularidad de este señor cayó en solo semanas. No hay duda que con Macron pasará lo mismo.

La decadencia del capitalismo francés ha polarizado a la nación. Los capitalistas defienden su poder y ganancias a expensas de la clase trabajadora, que ha encontrado gran inestabilidad laboral y desempleo. Las clases medias oscilan entre estos dos campos y tarde ó temprano deben decantarse en alguno para garantizar su estabilidad. Por lo general tienden apoyar al principal partido capitalista o a algún socialdemócrata moderado, cuyo programa es más o menos idéntico. Macron, de hecho, personifica la fusión de ellos, los pilares de las clases medias. Como quiera que sea, los resultados de la elección muestran el inicio de una tendencia de las clases medias hacia el Frente Nacional de la derecha y la Francia insumisa de Jean- Luc Mélenchon a la izquierda.  Es probable que esta tendencia continué bajo Macron. Su política está determinada por los intereses de los grandes capitales financieros, lo que significa un deterioro de las condiciones de vida no sólo de la clase trabajadora sino también de las clases medias.

La presidencia de Macron será más débil y menos estable que la de Hollande, especialmente en su propio partido, En Marche! No ganará la mayoría en elecciones parlamentarias de junio. En este caso tendrá que llegar a un acuerdo con todas las fuerzas políticas que sólo le apoyarán en la medida de sus intereses. Inicialmente, no hay duda de que habrá una especie de gobierno de coalición pero se romperá bajo la presión de los acontecimientos. Incluso si los republicanos del parlamento llegaran  a un acuerdo de colaboración con él, tarde o temprano le voltearan bandera con el afán de tomar ventaja de su caída de popularidad. Por lo tanto una inestabilidad gobernamental traerá inestabilidad en la sociedad.

Con la debilidad de su posición mundial; la decadencia de su aparato industrial, la pérdida de mercados en el mundo, en Europa e incluso en casa, los problemas del capitalismo francés están tan profundamente incrustados en la realidad geopolítica de nuestros tiempos para ser resueltos con simples cambios institucionales. Hollande, como antes Sarkozy, cayeron en su intento de levantar la economía francesa. Macron también fallará. Uno de sus primeros reveces será contener a Angela Merkel. En el 2012 Hollande prometió renegociar la política europea con Merkel. Macron promete lo mismo. El problema es que muchos de los intereses de la oligarquía francesa están en oposición a los de la alemana.  Por ejemplo el tipo de cambio de la moneda europea. Merkel no le hizo la gran concesión a Hollande, con Macron  no será muy distinto, porque es de vital importancia para Alemania. Alemania es por mucho  – incluso más que en 2012- el poder dominante de la Unión Europea. El superávit alemán de 2016 fue de 278 billones de euros en contraposición al  francés de 49 billones de euros. El espacio entre ambas naciones se hace cada vez más amplio en detrimento a Francia.

La Unión Europea ha empezado a disolverse. De acuerdo a sus defensores debería haber prosperidad y crecimiento económico. Se ha dado el fenómeno opuesto. Prácticamente todas las economías de las naciones de la unión están estancadas. Empleos mal pagados y desempleo en masas han alcanzado niveles desproporcionados. La reaparición de fronteras nacionales se vislumbra como una amenaza a la economía y a la seguridad nacional, esto está provocando una reacción que puede usar el nacionalismo y tendencias proteccionistas  de los estados miembros. El posterior desarrollo de estas tendencias podría terminar con la ruptura de la Unión Europea. En Francia, el nacionalismo de derecha ha estado ganando terreno más que en otros años de 5,525,034 votos en 2002 a 10,638,475 en 2017. El Frente Nacional está ganando apoyo dentro de las clases medias; los tenderos y los hombres de negocio, abogados, doctores y otras profesiones. Pero también están siendo atraídos algunos trabajadores desesperados por las mediocres condiciones de trabajo y el desempleo.

En el fondo de la sociedad, lejos del mundo de los profesionales de la política y los expertos de los medios, las masas sienten que los mecanismos del orden social existente operan en su contra, y están buscando nuevas opciones de cambio. La propaganda anti sistema de los nacionalistas, con sus filosas y categóricas formulaciones, están encontrando eco en la sociedad. Con Macron (cuyas políticas tienen como fin desmantelar las condiciones de vida para la mayor parte de la población), el Frente Nacional indudablemente progresará. La idea de que Macron sirve como una barda contra el Frente Nacional es completamente falsa. Al contrario, él le da un impulso a su desarrollo.

La naturaleza no tolera el vacío, el vacío creado por los errores del Partido Comunista francés (PCF) por el momento está siendo  llenado por los reformistas de izquierda de la Francia Insumisa. Mientras la dirigencia del Partido Comunista francés está perdiendo valioso tiempo  buscando una imposible e indeseable alianza con el partido socialista , Jean-Luc Mélenchon empezó una campaña de gran cobertura movilizando decenas de miles de personas. Sus discursos son escuchados por quienes asisten a muchos de sus mítines de masas. Al final fue derrotado por un margen de 600,000 votos. Desde luego, el futuro desarrollo de la Francia Insumisa sigue siendo una cuestión abierta. Su programa es esencialmente el mismo que el del Partido Comunista francés. Esto no responde la pregunta (fundamental de nuestra opinión) sobre la propiedad de los bancos y los medios de producción. Si Mélenchon hubiera ganado la elección, los capitales franceses, europeos y de todo el planeta hubieran reaccionado furiosamente para poner al nuevo gobierno de rodillas. A pesar del tono radical del programa de Mélenchon, como el de Tsipras en Grecia, no hay muestra de cómo este reaccionaría ante una ofensiva. El programa no va más allá de reformas parciales sobre la base del capitalismo.

La cuestión sobre programa que debe enarbolar el movimiento obrero será de vital importancia en los próximos años. Muchos trabajadores y clase medieros que han sido seducidos por el radicalismo del Frente Nacional podrían ser ganados a las ideas y el programa del internacionalismo socialista. La tendencia defensista de los reformistas y su negativa a luchar para arrancarle el poder a la clase capitalista le abre posibilidades a los nacionalistas y a la reacción capitalista en general. Después de todo, si no hay alternativa al capitalismo, el pueblo debe buscar un camino alterno fuera de las bases del sistema. Las bases materiales que permiten la germinación del veneno del racismo y el nacionalismo son estas condiciones de destrucción de los estándares de vida.

Las tareas ante nosotros son claras. Debemos fortalecer nuestra política en los sindicatos y organizaciones de masas y hacer a un lado las rivalidades burocráticas que dividen y debilitan del movimiento. Mientras luchamos contra los ataques a los niveles de vida y derechos democráticos, debemos levantar un programa basado en la reorganización de la sociedad sobre una base socialista. La expropiación de la clase capitalista abriría un camino para una democratización en los planes de producción, en interés de las masas populares. Debemos reunirnos alrededor de un programa como este para la transformación revolucionaria de nuestra sociedad.

Greg Oxley, PCF París 10.

Traducido de http://www.lariposte.org/2017/05/la-france-sous-macron/

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