Escrito por: Eduardo Piña

El tema sobre las protestas sociales en Venezuela suele polarizar a quienes lo sostienen, es claro que este gira en torno a dos posiciones: la liberal y la socialista. Sin embargo esto no es exclusivo para el caso de Venezuela, pues aunque a muchos les incomode o les irrite, el socialismo como tendencia política y teórica sigue presente en el debate del siglo XXI. En las universidades de todo el mundo hay aún, muchos marxistas que son quienes dan sustento teórico a los gobierno del socialismo del siglo XXI y rescatan al materialismo dialéctico como la mejor interpretación del mundo que ha sido capaz de crear el hombre.

El socialismo y el liberalismo se contraponen desde su fundamento, el primero es una ideología para favorecer a las clases acomodadas de la sociedad, a la burguesía; por su parte, el socialismo es la ideología para la emancipación completa del proletariado respecto a la burguesía. Así entonces, para los liberales, todo lo que suene a socialismo o se vea como conducto al mismo es un peligro para la estabilidad social, argumentan, y el elemento más fuerte que tienen es el de la libertad del individuo (por eso liberalismo). Pero esto termina siendo una justificación para la opresión de unos hacia otros, para que unos tengan miles de millones y otros (la enorme mayoría) tengan nada o casi nada.

Hoy día, el embate contra aquellos gobiernos que en mayor o menor medida implementan políticas no liberales es fuerte, y para tales gobiernos resulta muy complicado mantenerse en el poder ya que no sólo tienen que sobreponerse a los liberales dentro de su país, también tienen que hacer frente a aquellos de fuera, y eso incluye a todas las instituciones del sistema (FMI, BM, OMC, principalmente). Siendo así, los gobiernos que han logrado primero, llegar al poder y segundo, mantenerse en él por un largo tiempo, lo han hecho teniendo como base un fuerte movimiento popular, pero muy pocos han logrado generar cambios sociales que sean irreversibles, por lo que cuando un gobierno de derecha vuelve al poder, hay una tendencia a revertir lo que en los años de la izquierda se avanzó en cuanto a bienestar de las clases medias y bajas.

El gobierno de Venezuela está frente a su mayor desafío en esta lucha contra la derecha nacional e internacional por mantener el poder. Las protestas en el hermano país americano se están volviendo más violentas, a esto se suma la ofensiva derechista que controla los medios de comunicación con mayor influencia para desprestigiar al gobierno de Nicolás Maduro, acusándolo de atentar contra la libertad del individuo, fundamento de la sociedad de nuestro siglo.

Es cierto que el pueblo venezolano está viviendo bajo condiciones económicas muy adversas, el fenómeno de la inflación siempre es perjudicial para una economía y Venezuela ha entrado en una espiral inflacionaria que ha disminuido el poder adquisitivo del bolívar, a la par que genera una incertidumbre que sólo contribuye a atizar el problema. Tal situación tarde que temprano logra doblegar a los pueblos y estos terminan por quitar a los gobernantes para colocar a otros quienes tendrán que solucionar el problema (estoy pensando aquí en que este proceso se daría de tal forma según la democracia liberal).

Los cubanos han padecido los efectos de un bloqueo económico impuesto por estados unidos durante décadas, ellos han sabido soportar tales condiciones de escasez material y a pesar del desgaste propio de todo régimen, hoy en la isla se celebra a la revolución socialista del 59. Pero Venezuela no parece tener el mismo derrotero que Cuba. El gobierno de este país no tiene el control sobre la economía porque en Venezuela se optó por un modelo de desarrollo capitalista dentro del cual, el gobierno tendría que aumentar su poder político, económico y social con la finalidad de redistribuir el ingreso, aumentar el gasto público, mejorar los servicios públicos y extender su cobertura, y sobre todo, generar cambios estructurales hacia el desarrollo social del país. Esto es lo que está en juego en Venezuela.

Algunos militantes de izquierda no admiran y de hecho son muy críticos hacia el proceso venezolano (la revolución bolivariana) y es cierto que Venezuela no puede llamarse socialista en el sentido estricto de la palabra, pero el deber de todo hombre de izquierda es defender todo programa y acción que se traduzca en una mejora en las condiciones de vida de las clases empobrecidas. Una conquista para ellos los es para todos en este camino por la construcción de una sociedad sin clases.

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