Por Raphaëlle Oxley 

La causa más importante que originó el estallido de la revolución rusa de 1917 fue el devastador impacto que provocó la Primera Guerra Mundial sobre la Rusia zarista. Inició el 23 de febrero, el día internacional de la mujer trabajadora. Cientos de obreras de la barriada de Viborg salieron en marcha de las textileras de una fábrica a otra pidiendo a sus demás compañeros (de ambos sexos) que se unieran a la huelga. De un lado a otro, forjaron su camino hacia las fábricas e instigaron a todos los obreros a seguirlas a las calles. La policial las atacó, respondieron lanzando piedras y ladrillos. Sentían que no tenían nada que perder. Trabajando de 12 a 16 horas por día en un ambiente sucio y ruidoso, duramente explotadas y tratadas, desesperadas por pan y otras necesidades básicas sus vidas se habían vuelto intolerables.

Las mujeres pedían pan, pero no solo pan. La caracterización del movimiento como “espontáneo“ no es del todo correcto. Sí, en efecto, las mujeres fueron empujadas a la acción por sufrimiento, pero no era ciego ni inconciente. Estaban llenas de entendimiento por la causa de los problemas que las afectaban. Las demandas por comida y mejores salarios se mezclaron con otras consignas con contenido revolucionario: “Abajo el zar“, “No a la guerra“. Éstas obreras sabían que para que el movimiento tuviera éxito tendían que sacar a miles de obreros a la lucha. Ademas entendieron que debían ganar el apoyo activo de los soldados. Las lecciones de la revolución de 1905 -que también fue provocada por una desastrosa guerra, contra Japón- se mantenía en sus cabezas. El 9 de enero de 1905, manifestaciones pacíficas se vieron dolosamente tiroteadas por las tropas del Zar. Estas dos tareas, generalizar la huelga y ganar a los soldados para la causa, estaban juntas. Los soldados que se negaban a obedecer las órdenes o los que se unían alguna revuelta eran condenados a muerte. Para ganar a los soldados a la causa del pueblo, tenían que estar convencidas que no se trataba de una lucha episódica, sino sobre todo, de un nuevo orden se pondría en pie. Los generales seguían teniendo el poder con el que podían tomar venganza de los rebeldes. Los soldados tenían que estar convencidos que el movimiento traería un cambio fundamental. Éste fue el reto que las mujeres obreras enfrentaron los primeros días de la revolución.

En su destacable “historia de la revolución rusa“, publicadas en 1930, León Trotsky escribió:  

“Las trabajadoras contribuyen enormemente a forjar las relaciones entre trabajadores y soldados. Van hasta los cordones con más audacia que los hombres, agarran los rifles, ruegan, casi ordenan: “Bajad las bayonetas, uníos a nosotros”. Los soldados están nerviosos, avergonzados, intercambian miradas ansiosas, vacilan; alguien es el primero en decidirse y las bayonetas se levantan culpablemente sobre los hombros de la multitud que avanza”.

En efecto, esta posición fue de vital importancia. A través de su entendimiento de lo que era necesario para el triunfo de la lucha, de su audaz actuación y valentía inspiradora, las mujeres de Petrogrado habían provocado un movimiento de masas. Incluso desde el primer día, alrededor de cien mil trabajadores se fueron a huelga. El número creció día tras día, y en cuestión de cinco días, el zar fue forzado a abdicar.

Ésta primer revolución, que derrocó a la monarquía, habría que ser completada por otra, algunos meses después. Los soviets, que eran asambleas democráticas de obreros y campesinos con diputados formados durante las huelgas de febrero, tomarían el poder estatal en sus propias manos. Esto no hubiera sido posible sin la política y la dirigencia del partido bolchevique, y los destacados revolucionarios Lenin y Trotsky. En los meses entre estas dos revoluciones, las mujeres obreras y militantes no cayeron en desánimo. Continuaron jugando un rol importante en cada nueva etapa de los procesos revolucionarios.

En los tiempos de la revolución, Rusia era un país predominantemente campesino. La servidumbre había sido abolida en 1861, pero este desarrollo histórico progresista había beneficiado a los más poderosos y ricos terratenientes y capitalistas. Simultáneamente se creó un poderoso movimiento de campesinos pobres y sin tierra. La desesperada posición de estos pobres del campo -que vivían “de la mano a la boca“, con una vida extremadamente precaria, muriendo a edades tempranas en casuchas inmundas- fue extremadamente duro en particular para las mujeres.El estatus legal de la mujer rusa estaba subordinado al de los hombres. Estaban agobiadas por el trabajo agotador en los campos, el sinfín de trabajos domésticos y el peligro de muerte -tanto de la madre como del Infante- durante el parto. Sobre todo en los pueblos, las mujeres de la Rusia rural podían esperar ser regularmente golpeadas y maltratadas.

En las décadas anteriores a la Primera Guerra Mundial y la revolución, Rusia había sufrido una gran cantidad de cambios sociales y económicos, producción de petróleo, carbón y acero fueron en rápido incremento, vías del tren que abarcaban grandes distancias entre las ciudades. Las grandes Técnicas industriales modernas y fábricas transformaron pueblos y ciudades. Por esto un gran número de mujeres fueron lanzadas de las areas rurales al ambiente urbano. La nueva maquinaria y la intensa explotación hizo a los patronos ver a los trabajadores como algo barato y “dócil“. Las mujeres reclutadas de las zonas rurales teniendo esto en mente. Cientos de miles de mujeres fueron sacadas del atraso moral e intelectual de los pueblos al trabajo de las fábricas, o como sirvientas, niña de los pueblos o tenderas. La industria textil (algodón, seda, lana), empleaba principalmente mujeres otras encontraban trabajos en fábricas de cerámica o papel.

Como quiera que sea, los patronos esperaban que las mujeres obreras fuesen más dóciles que sus camaradas masculinos, tiempo después quedó claro que estaban en un grave error. En 1890, un número de huelgas importantes involucró mujeres trabajadoras de la industria textil, además, haciendo un recuento de la revolución de 1905 queda claro que las obreras jugaron un papel activo en estos eventos. Las huelgas tomaron lugar en muchas industrias donde las obreras eran preponderantes, como en los textiles, el tabaco y servicios de lavado.

La guerra de 1914 arrastró una cantidad masiva de hombres tanto de la ciudad como del campo. Esto tuvo mayor impacto sobre las condición de la mujer. En ese año, Rusia levantó su ejército con cerca de 6 millones de soldados para la época de la revolución, el número de hombres movilizados alcanzaba 12 millones. Alrededor de 2 millones de ellos fueron sacrificados en el baño de sangre. Otro 4.5 millones fueron lesionados. Esta carga incrementaba los padecimientos sobre las mujeres, en casa y en el trabajo. Esto hizo elevar el número de mujeres del campo y la ciudad a la industria. Las estadísticas indican que casi un cuarto de la fuerza de trabajo provenía de las mujeres en 1914, pero esta cifra creció a casi la mitad (45%) de la fuerza de trabajo en 1917. Significativamente, mientras los contingentes de mujeres entre los acereros fue sólo del 3% antes de la guerra, este se elevó al 18% en la época de la revolución. 

El incremento de la participación social y económica de las mujeres obreras hizo incrementar política y militarmente su conciencia. El trabajo en las fábricas tuvo un efecto sobre las mujeres similar al del servicio militar para los campesinos pobres. En vez del sufrimiento y aislamiento en el el caso de los campesinos en regimientos, la guerra trajo a la mujer condiciones comunes en la disciplina de la fábrica y explotación.

Como habría de esperarse en un país atrasado como la Rusia zarista, el menosprecio y actitudes opresivas por parte de los obreros masculinos eran comunes en la época. Incluso entre militantes de organizaciones revolucionarias, la inteligencia y capacidades políticas de las obreras no siempre fueron reconocidas.

Los bolcheviques fueron los únicos que tuvieron una política revolucionaria clara y que tomaron el problema de la mujer muy seriamente en su programa. Defendieron la caída completa de la clase dominante, la aristocracia terrateniente y los capitalistas. Defendieron el fin inmediato de la guerra en base a la publicación de tratados secretos en los cuales exhibían como los grandes poderes planeaban dividirse el mundo entre ellos. Los bolcheviques defendían poner las fábricas y los principales medios de la economía bajo el control de la clase trabajadora a través de los soviets, sindicatos y comités de fábrica. Lucharon por que la tierra estuviese bajo control de los campesinos pobres, poner fin a todas las formas de opresión nacional, cultural, lingüística y poner fin al poder de la iglesia. Declararon que la religión era cosa de la vida privada de cada persona y que no debía ser usada como un arma del Estado con el propósito de justificar la opresión.

Esta aguda política revolucionaria abrió la perspectiva de un de una radical mejora en la vida de los obreros. En contraste, ¿Qué esperanza podría encontrarse si la guerra hubiese continuado y los príncipes y altos clérigos hubieran continuado la dominación? No importa cuantas “feministas“ radicales se hubieran encontrado en las bases de partidos más moderados – O sea procapitalistas-, concretamente ofrecían poco o nada a las mujeres obreras.

En los tumultuosos meses que separaron a febrero de octubre, los bolcheviques ganaron el apoyo de la gran mayoría de obreros y soldados de Petrogrado, Moscú, y donde fuera. Los soldados y el pueblo en general, querían un fin inmediato de los sacrificios sinsentido provocados por la guerra imperialista. Después de la victoria de la revuelta de los soviets lidereada por los bolcheviques en octubre, el nuevo gobierno revolucionario estableció una serie de fundamentos del nuevo orden social. Sabían que régimen revolucionario no sobreviviría si la revolución no se expandía a otros países. Las fuerzas contrarrevolucionarias intentarían destruir el régimen revolucionario a través de todos los medios posibles.

Entre el atraso y los años de la guerra, Lenin, Trotsky, y el nuevo gobierno socialista no podían levantar todos los obstáculos de forma inmediata. Necesitaban tiempo, pero no sabían por cuánto tiempo permanecerían en el poder. A través de la publicación de nuevas leyes y declaraciones, se esforzaron en explicar a las futuras generaciones de trabajadores qué tipo de régimen querían construir.

Las leyes con respecto a la familia y la mujer son particularmente instructivas. La vieja forma de matrimonio religioso fue abolido y reemplazado por una simple registro. El divorcio era inmediatamente otorgado por petición de cualquiera de las partes. No era necesario dar razones. Hombres y mujeres fueron declarados completamente iguales en todos los aspectos. La propiedad de una mujer y su dinero era de su propiedad, y podría hacer uso de ello según le plazca. La Rusia soviética otorgaba el derecho de aborto según se pidiese, y fue el primer país del mundo en concederlo. La distinción entre hijo “legítimo“ y “ilegítimo“ fue abolido.

Debido al fracaso de la revolución en otros países, la democracia soviética de la revolución no pudo permanecer al final. Tanto Lenin como Trotsky entendieron que si la revolución no triunfaba en otros países, la clase obrera no podría permanecer en el poder, especialmente en un país atrasado y devastado Como Rusia. La degeneración burocrática del régimen, lidereada por la dictadura “estalinista“ y tiempo después, la restauración del capitalismo arruinaron el régimen revolucionario. Pero nada de esto demerita la gran significancia histórica de la revolución de 1917, en la cual las mujeres trabajadoras jugaron un monumental papel.

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