Escrito por: Gilberto Mayoraga

El pasado 20 de noviembre, AMLO lanzó la convocatoria a la firma de un “pacto por el renacimiento de México”. En dicho evento se convocó a firmar a todo aquel que estuviera de acuerdo con el programa de austeridad y honradez que propone el lopezobradorismo de llegar al poder. Cualquiera puede firmar el pacto, sin importar la afiliación partidaria, se trata de una convocatoria que pretende acercar a todos aquellos que no desean integrarse a Morena pero que de alguna manera u otra simpatizan con las propuestas de AMLO.

Este pacto representa, sin embargo, una puerta no institucional para que ciertos personajes se sumen a la candidatura de AMLO sin pasar por las obligaciones partidarias y sin someterse a la normatividad interna del partido. Esto implica por sí mismo, una serie de cuestiones en torno a lo que significan Morena y su miltancia para el lopezobradorismo. De hecho, devela claramente que Morena y lopezobradorismo no son la misma cosa, sino que el lopezobradorismo es un grupo político que no necesariamente se identifica con Morena y cuyo líder nato es el propio AMLO. Morena en cambio, en tanto partido político, contiene en sí mismo una variedad de expresiones identificadas en general con la izquierda mexicana, incluso críticas al lopezobradorismo.

El mencionado pacto ha comenzado a dar sus frutos para el lopezobradorismo, rápidamente ha acercado a elementos como el senador Barbosa o la empresaria Aramburuzavala; pero también a militantes del PRI y del PAN. Es muy típico del liderazgo lopezobradorista este tipo de maniobras para crear estructuras paralelas a las institucionales y que le son adictas exclusivamente a AMLO. Pero los efectos nefastos se han visto ya, como en el caso de la expanista Cadena que detonó el último escándalo contra Morena. El principal problema es que estas estructuras paralelas son exclusivamente para beneficio del lopezobradorismo, muy poco o nada ayudan al crecimiento y fortalecimiento de Morena, pero estas adhesiones al lopezobradorismo crean confusión en el partido, pues no queda claro cuál es su papel ni sus responsabilidades si es que tienen alguna y sin embargo, para sectores de la población, los adherentes se vuelven parte de Morena y sus actos se relacionan con Morena.

Esta situación tiene su origen en el hecho de que el círculo lopezobradorista concede un margen de confianza demasiado alto a las relaciones personales, pasando por alto las instancias del partido. En ese círculo se deja demasiado margen a elementos en los que se confía por las relaciones que se han establecido en el pasado, por ello puede decirse que el círculo lopezobradorista es un grupo informal que establece sus propias reglas a despecho de la legalidad interna de Morena.

Pero lo más digno de resaltarse es que el “pacto” convoca a la firma individual de ciudadanos aislados, y se deja de lado el acercamiento a organizaciones gremiales legítimas, organizaciones sociales, etc. O sea, se dejan de lado a las fuerzas sociales que pueden entablar una lucha verdadera contra el corporativismo priísta, en favor de elementos aislados potencialmente oportunistas que no harán otra cosa que blandir su firma del pacto para arrogarse el “derecho” de incidir en la política del partido sin ser al mismo tiempo responsables ante las instancias internas, como ya lo hacen Romo y Moctezuma Barragán, a quienes se les ha concedido el derechode definir el programa de Morena pasando por encima de la militancia del partido.Dado que el lopezobradorismo es un círculo de adeptos y no una organización propiamente dicha, es notoriamente incapaz de interactuar con organizaciones establecidas, ya sea sindicales, sociales o incluso políticas, de hecho es más que notoria la incapacidad de este círculo para establecer incluso una comunicación fluida casi con cualquier grupo organizado que tenga sus propios objetivos y estrategia, así lo han dejado claro los torpes intercambios con el zapatismo, que se han hecho desde el grupo lopezobradorista, pero que han perjudicado a Morena, cuando Morena ni siquiera ha abordado institucionalmente la cuestión del zapatismo.

Por ello, una vez más es necesario hacer el llamado a la institucionalidad y legalidad interna en Morena, a fin de que el partido se convierta en una organización sólida y libre de sectarismos y oportunismos que sólo perjudican al partido mismo; es necesario terminar ya con arbitrariedades y estructuras paralelas que sólo perjudican al partido, debilitan sus estructuras reconocidas y abren las puertas a los elementos oportunistas que solo pueden sabotear lo que ayer combatían. Se va en ello la posibilidad de que la izquierda se levante con el triunfo en 2018.

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