De la Redacción.

La evolución de los acontecimientos en Bolivia ha redundado en un retroceso para la izquierda continental, aunque el golpe de Estado ha sido denunciado en el mundo y los golpistas no pudieron ocultar su rastro, el golpe en general se ha consolidado con la claudicación del Congreso boliviano que cuenta con una mayoría aplastante del MAS, pero que de nada sirvió frente a los soldados sublevados apoyados por las turbas fascistas evangélicas de los burgueses.

Es claro ahora que a pesar de ser mayoría, los indígenas, trabajadores y militantes del MAS, las fuerzas reaccionarias se mantuvieron intactas a lo largo del gobierno de Evo Morales, y solamente esperaban el momento apropiado para recuperar el poder.

Ahora la situación en Bolivia es ambigua y peligrosa para los pobres y los indígenas, pues en tanto que los golpistas ejercen el poder desde el Ejecutivo, el Congreso sigue siendo de mayoría masista, aunque esta mayoría no tenga un poder real más allá de los muros de las sedes legislativas.

Tanto el golpismo como los partidarios del MAS apuestan todo a las nuevas elecciones, pero en las condiciones actuales todo tiende a favorecer a los golpistas, quienes tienen de su lado a las fuerzas armadas, la policía y los grupos de choque de Santa Cruz, y ya han iniciado la persecución y acoso judicial de Evo Morales.

Así, la eventual lucha electoral se presenta como una campaña de legitimación del golpe de Estado, ¿cómo podría ser de otro modo? ¿Dar un golpe para tener nuevas elecciones que pudieran ganar los seguidores de Evo Morales?

Las fuerzas de izquierda se aferran como a un clavo ardiente a la posibilidad de ganar las eventuales elecciones incluso en las peores condiciones, confiando en que cuentan con amplias masas y esperando que la indignación por sí sola arrastre a la mayoría a dar su voto al MAS.

Confían en suma, que se repetirá la experiencia de las «guerras» del agua y del gas. Pero la oligarquía cruceña está ensayando nuevas armas ideológicas, como el fascismo evangélico, que parece haber dado coherencia a los grupos de choque, y que parece haberse infiltrado en las fuerzas armadas. Esto les ha permitido llevar adelante represiones como la matanza de Senkata sin el menor escrúpulo.

En este sentido, cualquier salida intermedia que se plantee, no hará otra cosa que fortalecer a la derecha, la solución sólo puede pasar por la movilización de masas, el armamento general del pueblo y la expropiación de las grandes compañías de la oligarquía, ya ni siquiera por un móvil puramente económico, sino para quitar su base económica a la burguesía golpista.

La mayor lección del golpe en Bolivia es que hacer un gobierno de izquierda, en favor de los oprimidos no se trata de «administrar bien», se trata de demoler los fundamentos de la explotación, de crear un poder popular que proceda de los propios trabajadores y que les sirva a ellos.

Periódico Revolución
Sobre el Autor: Periódico Revolución
Es una publicación impresa y digital, como un esfuerzo de Morena Socialista para recuperar la teoría marxista al interior del partido morena.