Escrito por: Gilberto Mayoraga.

Finalmente ha estallado la lucha abierta entre los altos mandos de Morena, y lo ha hecho enarbolando las razones más mezquinas, fundamentalmente el reparto de los cargos dirigentes en el partido y en las direcciones del Senado y de la Cámara de diputados.

Los grupos enfrentados son fundamentalmente el que encabeza López Obrador y el que encabeza Ricardo Monreal. Ambos grupos están disputando las principales estructuras de poder del partido y del congreso, pues el propio gobierno federal está firmemente en las manos del grupo de López Obrador. Por ello, el grupo de Monreal quiere controlar tanto el partido como el congreso como parte de su estrategia para llegar a la presidencia de la República.

López Obrador, a través de sus emisarias, Berta Luján y Yeidckol Polevnsky, maniobró para mantener el control de la dirigencia de Morena, ya se había aplazado la elección del presidente de Morena y el grupo de López Obrador pensaba que tenía todo listo para una transición suave dentro del propio grupo, pero finalmente llegó el plazo para renovar la dirigencia, y contra lo esperado, Monreal puso en movimiento sus piezas: Alejandro Rojas y Mario Delgado, que salieron a cuestionar a Polevnsky para restarle legitimidad al interior del propio Morena y para relevarla en la dirección del partido. Entonces el grupo de López Obrador se dio cuenta que Luján era una candidata insuficiente para enfrentar al grupo de Monreal; Luján era un recambio apropiado para una transición suave, pero la embestida monrealista alteró este escenario optimista y llevó a que se impulsara a la propia Polevnsky, que hoy es secretaria general en funciones de presidenta del partido, a lanzarse de plano como candidata a la presidencia del partido, lo cual no deja de ser una maniobra apresurada pero que refleja lo precario de la situación, al grado que el propio López Obrador salió en su conferencia a denunciar a Monreal sin mencionarlo, llamándole “trepador” y “político tradicional”, cuando las maniobras de Monreal lograron desbancar a Martí Batres de la presidencia de la Cámara de diputados.

Esta pugna tiene como trasfondo la desorganización que reina en Morena, que apenas ahora está considerando la adquisición de una sede nacional, sin hablar de que no existen locales en todo el país. Por si fuera poco, el órgano del partido, Regeneración, está “duplicado”, pues Polevnsky dirige una publicación como presidenta del partido mientras Jesús Ramírez Cuevas, el vocero de López Obrador publica el otro Regeneración. De igual manera, Polevnsky afirma que no controla las cuentas en redes sociales del partido y hay disputas en torno a los sitios web (Proceso 2234, 25 de agosto de 2019).

Esta pugna amenaza con romper el partido, y en principio ha prácticamente liquidado el Instituto de Formación Política del partido, cuya conformación legal y financiera Polevnsky se ha encargado de bloquear por todos los medios, y de plano ha afirmado que López Obrador nunca prometió la mitad de los fondos de Morena para el Instituto. Polevnsky también ha afirmado que Rafael Barajas y “los intelectuales” son de plano “manipulados” por alguien (¿Monreal?) para crear un partido paralelo (Entrevista con Julio Hernández López en Radio Centro, 21 de agosto de 2019). Es obvio que esta instrucción provino del propio López Obrador, pues tanto Batres como Polevnsky responden por completo a los imperativos del grupo de López Obrador ya que carecen de bases políticas propias. En qué medida tienen razón los temores de López Obrador y Polevnsky es materia de discusión, pero ciertamente el daño a Morena es grave, por cuanto cierra las puertas a lo que sería una poderosa herramienta de movilización de masas en momentos en que aún es tiempo de consolidar una formación política (siempre que trascendiera los viejos formatos de trabajo que se estaban proyectando en el mencionado instituto), para organizar a millones de simpatizantes que no encajan en los grupúsculos y tribus que hoy controlan Morena y cuyos principales cuadros, de por sí escasos, se han pasado al gobierno federal, dejando atrás una estructura amorfa, desorganizada, y que sólo funciona en la víspera de las elecciones. Mientras tanto, la derecha sigue pulverizada, pero es de políticos incompetentes confiarse en las presuntas debilidades del adversario para dejar de cumplir las propias tareas políticas.

A fin de cuantas, detrás de las maniobras de los grupos de López Obrador y de Monreal subyace la tendencia a desconfiar y relegar a la masa de los simpatizantes de la izquierda que llevaron al triunfo a Morena y que aún confían en el gobierno y en López Obrador. Pero el caso es que no se espera de la movilización popular el impulso para transformar el país; los altos cuadros de Morena sólo tienen respuestas en términos de su propia lógica de grupos, lo que delata sus raíces ancladas en la izquierda post soviética, que se aglutinó en el PRD y que pese a haber logrado el triunfo en 2018, no ha podido evitar la crisis interna derivada de coaligar tendencias a veces opuestas sin una base programática sólida, pero que sigue apelando a un electorado que votó por un cambio, en castigo al PRI y al PAN y que mantiene en lo fundamental posiciones progresistas que se expresan difusamente en las proclamas del partido pero que se estrellan con la dinámica de los grupos que militan en Morena.

Por ello, es preciso denunciar esta lucha de facciones como una dinámica en la que los grupos burocráticos se empeñan para escamotear los cambios que reclama el pueblo trabajador. Las vacilaciones de la dirigencia en torno a cuestiones tan elementales como la creación de sedes de Morena o la dotación del IFP constituyen un claro ejemplo de cómo el grupo dirigente juega a mantener al partido en una difusa informalidad a fin de conservar su hegemonía, sin importarle el riesgo de que el partido se desmorone por el desencanto y la nula convocatoria a las masas. Y para colmo, esta actitud aventurera de jugar a la política de círculo cerrado siendo ya el partido gobernante, ha terminado por abrir paso a una brecha interna frente al grupo más oportunista de todos, el monrealista, que logró jugar con las propias cartas de López Obrador y terminó ganando la partida en el Congreso, desplazando a un pusilánime Batres y sin que el partido pudiera siquiera frenar la maniobra, pues al destruir su capacidad institucional también se halla inerme ante este tipo de ataques. El grupo de López Obrador ha jugado a mantener débil y maniatado al partido por temor a las masas, pero no contaba con que un aventurero con decisión como Monreal terminaría aprovechando la coyuntura en su propio provecho, y ahora le será difícil al lopezobradorismo devolver las cosas a su cauce, como es su deseo. Por el momento se anuncia que la elección del Senado ha sido anulada por la Comisión de Honestidad y Justicia de Morena, pero igual es una medida más simbólica que real, pues sólo demanda reponer el proceso pero no disuelve el bloque de Monreal, que se mantiene unido, ni inhabilita a su candidata, Batres en cambio, ha quedado fuera de la presidencia.

De poco sirve que López Obrador amenace incluso con su renuncia a Morena si el partido cae en manos de Monreal, pues el propio lopezobradorismo le abrió las puertas y se ató de manos para resolver en justicia conflictos como los que ahora aprovechan Monreal y compañía en su propio beneficio.

Desde la posición de los socialistas debe rechazarse la ofensiva del oportunismo monrealista, que ha sido permitido, tolerado y aún apoyado desde el lopezobradorismo en pos de ventajas electorales, pero que ahora se revela como una fuerza capaz de devorar el partido y el gobierno. Pero no se puede dejar de resaltar que el lopezobradorismo se aleja cada vez más de las masas y pretende convertir este alejamiento en un statu quo indefinido (como si eso fuese posible de realizar sin consecuencias). Tal posición no puede sino denunciarse, por lo que los socialistas tienen que denunciar el papel subordinado al que los burócratas están relegando a las masas trabajadoras. Los socialistas deben construir sus propias candidaturas a los puestos de Morena y empujar el espectro político del partido a la izquierda, pues el predominio burocrático lo empuja y empujará indefectiblemente a la derecha.

Periódico Revolución
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Es una publicación impresa y digital, como un esfuerzo de Morena Socialista para recuperar la teoría marxista al interior del partido morena.