Por Gilberto Mayoraga

La propagación del virus COVID19 y la pandemia que produjo ha tenido efectos más allá de los médicos y epidemiológicos, ha tenido de hecho grandes efectos en las sociedades a lo largo del Globo, por principio de cuentas ha quitado la careta al capitalismo.

Frente a la emergencia han salido a la luz las enormes carencias de los sistemas de salud pública en todos los países del mundo, salvo quizá en países como China y Corea del Sur. Salió a la luz el desmantelamiento de hospitales, el recorte de personal médico, la cancelación de subsidios, etc., el resultado ha sido que los pacientes, sean derechohabientes o no de la seguridad social tienen que gastar grandes sumas para atender enfermedades o incluso emergencias, y en países como los EEUU corren el riesgo incluso de quedar en la ruina por una emergencia médico.

Así, el virus COVID19 más que una emergencia sanitaria, ha resultado en una tragedia que ha cobrado miles de muertos y cientos de miles de hospitalizados, pero ha sido así debido a la organización capitalista del mundo, porque ha convertido en una mercancía la propia salud humana, porque el precio y la ganancia determinan quién puede vivir y quién no.

Los mayores hospitales construidos en México lo fueron por instituciones como el IMSS (La Raza, Siglo XXI), pero prácticamente no ha avanzado la cobertura hospitalaria y los nuevos hospitales privados son meros negocios de grupos como Hospitales Ángeles, etc. La apuesta de los gobiernos del PRI y del PAN ha sido claramente convertir la salud de la población en un negocio privado, incluso se habla de un plan de Calderón cuando era presidente para privatizar al 100 por ciento la red hospitalaria del IMSS y del ISSSTE para el año de 2030.

Frente a la emergencia, se “descubrió” que no había suficientes camas de hospital para atender la emergencia, que no había suficientes respiradores (un instrumento esencial para mantener con vida a los pacientes que desarrollen neumonía), y que incluso la cantidad de especialistas requeridos son insuficientes, en suma, ese tipo de “descubrimientos” que están todo el tiempo a la vista de todo el mundo, pero en los que nadie repara.

Quizá lo más monstruoso de este entramado criminal de la privatización de la salud es que se buscó justificar a todos los niveles de la propaganda capitalista, es que se pretendió que la salud era un bien y no un derecho, que por tanto sólo debía acceder a ella quien pudiera pagarla, y ahora la pandemia golpea esta propaganda de frente, dejando claro de manera contundente que la salud es una cuestión pública y que en el caso de las enfermedades infecciosas, la inmunidad del individuo es la inmunidad de la población. O sea que no hay una solución individual frente a emergencias médicas, en realidad no sólo frente a enfermedades infecciosas, sino incluso frente a enfermedades crónico-degenerativas o aún de accidentes.

Otra vertiente en la que la pandemia ha desnudado al capitalismo ha sido quizá más notoria, la carencia de insumos médicos en todo el mundo, desde el alcohol hasta las camas de hospital. Aquí no sólo los gobiernos, sino las sociedades que basan su comportamiento en principios impuestos por el capitalismo quedaron al descubierto, estos es, cuando se habló de la necesidad de mantener la higiene de las manos con jabón o alcohol, las personas corrieron a las tiendas a comprar cuanto alcohol pudieron, acaparando lo que pudieron, agotando rápidamente las existencias, luego, con la cuarentena, las compras de pánico agotaron varios productos, curiosamente cosas como el papel de baño.

Pero después estos procesos espontáneos dieron paso a sucesos más graves, cuando los propios países comenzaron a luchar por hacerse de los stocks de materiales médicos, señaladamente los respiradores y las mascarillas quirúrgicas, al grado que unos países comenzaron a apoderarse de cargamentos dirigidos a otros países, así, millones de mascarillas dirigidas a Italia y España fueron robados por Alemania y Chequia, respiradores de España fueron robados por Turquía, y mascarillas de Alemania fueron robados por los EEUU, en una rebatinga digna de los bandidos imperialistas que son todos esos países.

Pero aún en estas circunstancias dignas de una novela de Voltaire, surgieron muestras de solidaridad y calma, China, Rusia, Venezuela y Cuba, en medio de la emergencia, proporcionaron ayuda masiva a otros países, como Italia y España, incluso a los propios EEUU. Ciertamente no pueden ahorrarse críticas a los gobiernos de estos países en muchas cuestiones y acaso su ayuda encubra objetivos geopolíticos, pero definitivamente mostraron la entereza, la vigencia de valores diplomáticos y humanitarios que estuvieron y han estado ausentes en los “civilizados” “defensores” de los Derechos Humanos de ese conglomerado supuestamente “superior” que llaman “Occidente”.

Respecto a nuestro país, México está a la espera de la exacerbación de la pandemia en su territorio, pero de la misma manera que en otras partes del mundo, las deficiencias heredadas del sistema de salud privatizado están saliendo a flote como ya han salido en los casos de la diabetes y otras enfermedades, el curso de la pandemia será, quiérase o no un reto y una prueba para el Gobierno de Morena. De momento se ha conseguido evitar el pánico y se han adoptado medidas acorde a la emergencia, tanto económicas como médicas, pese a lo cual, la derecha está al acecho, comprometida como está para aprovechar cualquier resquicio para impulsar el descrédito del gobierno y de la izquierda, la derecha ha luchado por convertir la pandemia en un fracaso del Gobierno, como si no hubiese sido esa misma derecha la que impuso las privatizaciones que hoy tienen en jaque al sistema de salud pública del país, como si esa derecha no impulsara abiertamente la mercantilización de toda la vida humana, en fin, la derecha no se cansa de morderse la lengua para atacar al Gobierno.

La respuesta a la derecha no pasa por bajar a su terreno, hay que combatir el odio con datos, pero no cabe tampoco quedar en silencio frente a su rabia racista y clasista, hay que cuestionarla, porque una vez que tienen que salir de las frases huecas y las denostaciones tienen que admitir que ellos quieren hacer un mundo que sólo sirva a los ricos y a nadie más, y que no tienen otro programa que ése.

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