Escrito por: Gilberto Mayoraga

Nos hallamos prácticamente en la víspera de la elección federal de 2018. Más allá de las encuestas que dan por ganador a AMLO, y que son parte de la misma lucha electoral, la percepción generalizada es de que AMLO tiene una ventaja más que notable sobre sus contrincantes del PRI y del PAN (con su apéndice perredista).

Detrás de esta percepción se abre paso un consenso entre las masas de la necesidad de una derrota de los partidos oligárquicos, aquellos que han sido exhibidos hasta la saciedad en escándalos de corrupción y abusos contra la población que sin embargo no han sido castigados. Esos partidos y la burguesía detrás de ellos se han burlado ostentosamente de la población creyendo que pueden actuar impunemente por siempre y por ello no han comprendido el sentido del voto lopezobradorista.

Sin embargo, la izquierda se halla frente a esta posición generalizada de las masas despojada de una visión clara de lo que ocurrirá durante la elección y después de ésta. Se halla simplemente a remolque de los acontecimientos, apostando a que la votación en favor de AMLO será lo suficientemente copiosa para obligar al Gobierno a aceptarla y para paralizar a la burguesía y sus partidos. Prácticamente no se analizan los escenarios postelectorales, como si al hacerlo se desvaneciera el impulso mágico de las encuestas publicadas. En la izquierda se limitan a hablar de lo que podría hacer AMLO de ganar la elección y acaso de que la coalición de Morena debe ganar la mayoría en las cámaras legislativas (aunque sólo la mayoría de la de diputados está en juego en esta elección). Más allá de esto, se da por hecho el triunfo en la elección.

Y acaso no sea esta fe en el triunfo electoral la nota principal en este momento, más llamativa y peligrosa es la percepción de que el bloque lopezobradorista es el mismo de 2006 y que el contexto de esta elección también se corresponde con el de aquel año. Pero la realidad es que no nos hallamos en ninguna de esas circunstancias. Desde 2006 las condiciones nacionales han cambiado drásticamente, acentuando la descomposición del Estado, llevando la explotación de los trabajadores a niveles extremos y depredando la riqueza pública. Todos estos factores acumulados han determinado un empobrecimiento brutal, el recrudecimiento de la violencia delincuencial y del terror de los aparatos represivos del Estado contra una población indefensa.

Hoy esa descomposición ha alcanzado definitivamente a la propia izquierda, que ya había sido cooptada en su mayor parte por el Estado desde fines de los 1980 pero hoy la izquierda ha renunciado a reivindicar incluso la más leve explosión de violencia popular en defensa de sus intereses de ella, enarbolando orgullosamente el eslogan de “esta protesta no ha roto ni un vidrio”, como si eso preocupara a alguien más que a los mojigatos pequeñoburgueses que votan siempre al PAN y al PRI pero que en público nunca lo aceptan y siempre aparecen en las encuestas como “indecisos”.

Ahora el descontento generalizado se ha desbordado en muchos lugares en la forma de linchamientos, en pura anarquía, sin organización y sin dirigir la lucha al terreno organizativo y sindical, donde podría llevar a confrontar a los intereses que realmente se hallan detrás de la miseria y la violencia: los de la burguesía lacaya del imperialismo.

La carta del triunfalismo es jugada muy claramente por la dirección lopezobradorista, pues el estruendo que genera oculta las debilidades estructurales de Morena y las contradicciones de su bloque electoral con el PES y el PT. No se informa a las bases si la estructura de defensa del voto está preparada para enfrentar la jornada del 1 de julio, se limitan a decir que “sólo se requiere un voto aplastante para vencer al PRIAN” y que por tanto basta con votar y dejar que el proceso fluya en manos del Estado, como si no se conociera la escasa calidad moral y política del racista consejero presidente del INE y el partidismo del Consejo General, cuando es perfectamente sabido que si no se cubren todas las casillas, no puede asegurarse una elección limpia. En este sentido, Morena está rebasada por el triunfalismo, el sectarismo y la desorganización derivada de las imposiciones de candidatos ajenos incluso a la izquierda, ingresados a las listas al vapor y por encima de los militantes, lo que significó un rompimiento flagrante de la legalidad interna de Morena, que fue tolerado “por el bien de la causa”, argumentando servilmente que lo que Obrador hiciese estaba bien porque acercaba al partido a la victoria, y luego, ya con la victoria electoral en el bolsillo, ya se vería lo del programa.

Este proceder ingenuo sería digno de otras épocas en las que la izquierda tuviera que lidiar con un Estado burgués joven y fuerte, pero en el caso del régimen narcopriísta descompuesto y desfondado, este proceder raya en la complicidad, y más bien nos muestra hasta qué grado la descomposición del Estado determinó la descomposición de la propia izquierda que se asoció al Estado.

La dirección lopezobradorista ha arrastrado a una parte numerosa del partido en esta senda triunfalista debido a sus propias contradicciones, tomando como única base las encuestas públicas, lo que ha llevado a una desmovilización en masa del partido. Esto constituye un precedente nefasto cuando lo que se requiere es que el partido cobre un mayor protagonismo. Obrando así, el lopezobradorismo se comporta ya como un grupo gobernante y no como líder de la oposición en medio de una batalla electoral contra el caduco régimen priísta. Se comporta como el heredero de los despojos del PRI y no como su sepulturero.

Pero ¿en realidad las cifras son tan halagüeñas para Morena? Descartando las encuestas públicas hay poca evidencia para afirmar cualquier cosa, a menos que haya encuestas privadas levantadas por el propio Morena o por el círculo lopezobradorista que vayan en el sentido de que AMLO va realmente a la cabeza. Ciertamente, como afirmamos arriba, el consenso generalizado es que debe ser reemplazado el régimen narcopriísta, pero lo que se nos sirve ahora es un plato con las sobras de ese régimen, lo que se nos quiere adornar como una victoria de la izquierda.

También es cierto que la candidatura de unidad de la derecha simplemente no cuajó por las condiciones de confrontación interna en los partidos en el momento en que se eligieron a sus candidatos, resultando favorecidos los contendientes del aparato burocrático estatal-burgués, Meade y Anaya, ellos mismos burócratas salpicados por la corrupción que carecen de capacidades y carisma acordes con su ambición de dinero y poder, y por ello mismo incapaces de ya no se diga liderar a las masas, sino siquiera de manifestar empatía con ellas.

Así, más allá de los números, las candidaturas de la derecha son de las más incompetentes que se recuerden, y sus campañas han ido de tumbo en tumbo, pero su sed de poder les ha impedido llegar a un acuerdo que haga declinar a un candidato a favor de otro de manera que se consolide el bloque del “PRIAN” que permita enfrentar a Morena, como ocurrió en 2006. Esta incompetencia y división entre los partidos de la burguesía es lo que ha movilizado a los propios burgueses desafectos a AMLO para intentar crear un frente anti Morena, pero también han fracasado en la medida en que la burguesía está dividida y cierto sector de ella se ha unido al propio AMLO (que no a Morena).

Por ello, en principio, el avance de Morena en las semanas previas a la elección ha sido en términos estratégicos y no se puede negar el éxito momentáneo de AMLO al mantener la división del PRI y del PAN, pero esta ventaja no significará nada si implica la fractura del propio Morena y su entrega a los burgueses de Romo, y si bloquea definitivamente su evolución en el partido de las masas trabajadoras que estaba llamado a ser.

Así, en la víspera de la elección de julio, es indispensable no caer en el triunfalismo, ni dejar atrás las cuestiones programáticas y organizativas que han quedado de lado en medio del estruendo de la campaña, pues estas cuestiones siempre vuelven a ponerse en vigor tan pronto terminan las campañas, y sus efectos son objetivos, no podemos sustraernos a ellos sino que solo podemos posponerlos en nuestro propio perjuicio y el de las masas trabajadoras.

Periódico Revolución
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Es una publicación impresa y digital, como un esfuerzo de Morena Socialista para recuperar la teoría marxista al interior del partido morena.