Democracia en morena

El partido Morena, en el momento actual, es el único partido legal que representa a la izquierda en nuestro país. La elección de 2015 refrendó claramente esta posición, que ha sido discutida por otros partidos, como el PRD y Convergencia (Movimiento Ciudadano), cuyos discursos y acciones se han quedado en los tiempos pasados, hablando y actuando como si los pactos firmados por ellos con el Gobierno de Peña Nieto, el PRI y el PAN nunca hubieran ocurrido.

Pero justamente los éxitos tempranos en política pueden ser tan riesgosos como las derrotas. Los éxitos pueden crear una falsa sensación de seguridad y de que todo lo que se hace es lo correcto, lo que acaba por llevar a un relajamiento generalizado de la disciplina y la observancia de normas democráticas que siempre deben imperar en los partidos de la izquierda, y sin los cuales se abre el camino a los carreristas y burócratas que representan no al pueblo, como ellos mismos afirman, sino a sus propios intereses y a los de la derecha ¡dentro de la propia izquierda!

La observancia de normas democráticas y la disciplina del partido son por ello condiciones fundamentales para consolidar verdaderamente la unidad, alcanzar los objetivos estratégicos de la izquierda y afianzar a los liderazgos; sobre todo en un momento en que el partido está comenzando la lucha política frente a rivales poderosos: los otros partidos y el Estado de la oligarquía.

Morena se halla en esta situación en el momento presente, el camino por recorrer para alcanzar una consolidación y verdadera fuerza aún es largo, pese a que el recorrido que ya se ha hecho no es despreciable. Y toda consolidación política es algo que se consigue tras arduas tareas y, paradójicamente, es algo que se pierde con facilidad.

En estos momentos, la vigilancia de la democracia interna por parte de todos los militantes de Morena es la tarea principal, pues sin cumplirla se abre la puerta a los vicios que son la norma en los otros partidos. Baste con recordar el ejemplo del PRD; en este partido, las tareas del desarrollo interno se aplazaron una y otra vez, siempre, argumentando “que no era el momento” (nunca era el momento); y se llegaba a decir que la disciplina era lo opuesto a la democracia, que las diferencias internas debían resolverse mediante componendas entre liderazgos y grupos y nunca de manera abierta. Apelar a una instancia era visto como un acto hostil, dirigido a destruir la carrera o reputación de alguien y no como parte de la convivencia institucional al interior del partido. El resultado está a la vista de todos, pues los grupos y organizaciones al interior del PRD se consolidaron en perjuicio directo del partido como un todo, y esa división allanó el camino a la dirigencia corrupta y entregada a la derecha que ese partido tiene hoy. Las organizaciones del PRD degeneraron a la vista de todos y sus diferencias, lejos de ser resueltas se convirtieron en conflictos abiertos, y las organizaciones degeneraron en grupúsculos dirigidos por burócratas que no daban cuenta a nadie de los cargos y recursos del partido que caían bajo su control. A esos grupos se les conoció popularmente como “tribus”. El resultado de esta dinámica corruptora fue que el partido alejó a todo aquel que aspirara a realizar una lucha por la democracia en nuestro país, pues se encontraba con un partido que no la practicaba en su propio interior; la disyuntiva era entonces participar integrándose a las “tribus” y su corrupción o alejarse.

Para evitar esta enfermedad de la política, se requiere desarrollar la democracia interna, esto es, que no se admita otra jerarquía que la del trabajo, que las tareas sean acometidas con miras a los objetivos comunes y no para favorecer a un grupo; es necesario observar escrupulosamente los estatutos y respetar las instancias de Honestidad y Justicia. Suele ocurrir que cuando una instancia emite un fallo adverso, el indiciado no sólo replica en términos de su propia versión de los acontecimientos, sino que suele cuestionar la pertinencia del fallo, y aún llega a cuestionar la integración de la instancia que lo sanciona, más grave aún, llega a ignorar a las instancias, lo que no puede sino debilitar al partido todo.

Las instancias deben ser analizadas, puestas a debate, antes, y no después de que emitan fallos que nos sean adversos, pues en ellas reside la legitimidad del partido como organización.

La vigilancia al interior debe ser férrea y de carácter permanente, pues sólo un partido organizado y libre de sus enfermedades infantiles puede ser capaz de llevar a cabo las tareas que se propone: poner el poder al servicio de todos los que hoy son aplastados, ignorados y excluidos por la política de la oligarquía.

Periódico Revolución
Sobre el Autor: Periódico Revolución
Es una publicación impresa y digital, como un esfuerzo de Morena Socialista para recuperar la teoría marxista al interior del partido morena.