jueves, 10 de octubre de 2013

El momento presente exige de los militantes y simpatizantes de la izquierda el reconocimiento de que los métodos de desgaste pueden no ser los indicados para acometer las tareas que ya plantea la situación.  El desalojo de los maestros de la CNTE de la plancha del Zócalo de la Ciudad de México por la policía federal dejó muy claro que ninguno de los movimientos y organizaciones que hoy se están rebelando contra las reformas y la política de EPN, podrán triunfar si marchan solos.

Aunque en principio la lucha sindical de la CNTE es distinta a la del MORENA, que se mueve hacia el terreno electoral y a la movilización civil contra las “reformas”, es bien claro que en el momento actual se hallan más cerca que nunca y pueden efectivamente confluir en acciones conjuntas, y si no lo han hecho de manera plena es por la dinámica que han asumido grupos dirigentes y algunos militantes que insisten en que no se debe “contaminar” su lucha con los intereses que se mueven detrás de otras luchas. Tal razonamiento sólo es muestra de un sectarismo ramplón que no corresponde al momento actual, sino sólo al espíritu de parcela que tienen ciertos dirigentes y grupos educados en la propaganda priísta que satanizaba toda unión autónoma de los trabajadores y buscaba siempre dividirlos y controlarlos.

¿Acaso tiene sentido hacer más caso a la propaganda conservadora que al sano instinto de clase de los trabajadores que les impulsa naturalmente a la unidad?

Nadie quiere decir que los sindicatos dejen de existir y se fusionen con MORENA, nadie quiere decir que MORENA pierda su calidad de partido político.  Lo que se quiere indicar con claridad es que tanto los sindicatos como MORENA y muchas otras organizaciones civiles, políticas y estudiantiles están empeñados en la misma lucha que es una sola: echar abajo las “reformas” del gobierno de EPN y con ellas al mismo EPN.

Por ello se hace indispensable constituir una forma de organizarse que vaya acorde con la autonomía de las organizaciones, de los sindicatos y del MORENA, o sea, el Frente Único, en el cual puedan confluir los distintos movimientos y mantener su propia organización a lo interno, pero adquiriendo la coordinación necesaria para poder golpear juntos.

El camino para llegar a esto no es sencillo, desde luego, ni se construye por el decreto de algunos dirigentes, pero se han producido ya eventos que nos conducen a la necesidad de constituirlo, como el ya mencionado desalojo del Zócalo, la sucia y brutal campaña contra los maestros, las luchas fraccionales en MORENA y la crisis económica.  Este cuadro ha puesto en el plano central la necesidad de la huelga general política de masas, como el principal medio que tienen los trabajadores para luchar contra la ofensiva del Estado.  Y precisamente el Frente Único es quien tiene que coordinar las acciones cruciales de la lucha que se desataría con la huelga general hasta que ésta triunfe.

Pero de la misma manera, la huelga general no se desataría como un único evento que surgiría de manera fulminante, sino que por el contrario tiene que haber todo un camino que conduzca a ella, y es el escalamiento de paros nacionales en firme protesta por la política del gobierno de EPN.  La situación plantea reconocer todo lo que esto implica, y es que no sólo se lucha contra el gobierno de EPN, sino contra sus aliados de derecha y de izquierda, o sea, contra el Pacto por México, contra los líderes sindicales vendidos al Estado, y contra los dirigentes que no quieren cambiar al Estado sino solamente servirse del cambio de funcionarios para ascender ellos mismos a las posiciones que hoy ocupan sus rivales, para después actuar ellos de la misma manera o peor.

La consigna de escalamiento de paros nacionales no se trata, pues, sino de la necesidad que impone la marcha misma de los acontecimientos,  y naturalmente despierta suspicacias en aquellos que esperan que la situación actual se resuelva sin sobresaltos y sin luchas más allá de las movilizaciones tradicionales.  Pero la realidad es que perseverar con las meras movilizaciones en las calles sirve más que nada para desgastar al movimiento, pues se convoca sin un objetivo preciso y sin delimitar claramente los bloques que se hallan en pugna, con lo que pareciera que se está luchando contra un fenómeno meteorológico y no contra poderosos grupos económicos y políticos que tienen una agenda definida que quieren imponerle al pueblo trabajador.

Contrario a lo que muchos piensan, la huelga general antecedida por los paros nacionales son una necesidad impuesta por las circunstancias a las masas trabajadoras que se hallan ya en lucha contra el régimen de EPN.

Periódico Revolución
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