Balance del II Congreso de Morena

Los pasados 20 y 21 de noviembre se llevó a cabo el segundo congreso de Morena ya constituido en partido.

Los resultados de esta convocatoria fueron poco sorprendentes, AMLO se convirtió en presidente nacional del partido, lo que lo posiciona automáticamente como el candidato presidencial de Morena en 2018. Sin embargo hubo expresiones de sorpresa, aun cuando dentro de las tácticas de AMLO siempre ha estado el recurso de la creación de estructuras paralelas y la formación de bloques de opinión bajo su liderazgo, no hay que olvidar que la propia organización de Morena comenzó como una estructura paralela al PRD.

Siempre y en todo momento, el grupo dirigente de Morena ha buscado establecer un férreo control del partido, controlando los cargos y las finanzas, buscando evitar que se formen grupos que vulneren este control, no tiene otro sentido el sorteo al que se sometieron las candidaturas al congreso en 2015, lo que dejó fuera a muchos elementos que parecían dudosos al grupo dirigente.

El grupo dirigente de Morena está comprometido con un programa político claro, expresado en el plan de reformas moralizadoras de AMLO, programa que ya fue implementado durante su gobierno de él en el DF. Mucha tinta se ha vertido acerca de cómo sería un gobierno del grupo lopezobradorista; sus enemigos de la derecha se obsesionan con la idea de que el programa que AMLO repite y que ha practicado no es más que un caballo de Troya que encubre transformaciones más profundas que afectarían los intereses de las fracciones pequeñoburguesas y del gran capital, creen que se trataría de un gobierno semejante al de Venezuela.

La imaginación derechista es pródiga, ni AMLO es Chávez ni Morena es el MVR, luego PSUV. El programa de AMLO ha girado en torno a unos ejes programáticos bien claros: austeridad de la administración pública, combate a la corrupción, control nacional de los recursos naturales, programas de ayudas a los “sectores vulnerables”, programas de obras públicas y remozamiento de infraestructura con participación del gran capital. No hay en el programa del grupo lopezobradorista ni expropiaciones que afecten al gran capital ni la sustitución del régimen actual por otro, sino apenas un mejoramiento de la situación general, lo que es suficiente para despertar la ira de la derecha.

Y aunque el programa lopezobradorista no es revolucionario ni de lejos, algunos sectores de la izquierda quisieran verlo así. Pero aún más tampoco es un programa realmente reformista, por cuanto nada plantea en torno al sistema financiero y la explotación desmesurada de los trabajadores y la devastación ambiental que sufre el país. No hay un programa a largo plazo, el grupo dirigente de Morena realmente cree que se puede equilibrar la lucha de clases y que se puede mejorar la situación de las masas de una manera radical sin afectar los fundamentos del poder económico en el país y sin enfrentar al imperialismo estadunidense.

La lucha del movimiento Morena con su grupo dirigente ha estado regida por este programa, que no ha sido improvisado contra lo que se suele pensar, y que de hecho ya ha sido realizado a escala local. Y los métodos desplegados en el II Congreso son plenamente coherentes con este programa. El grupo lopezobradorista es producto de la crisis del nacionalismo cardenista y del derrumbe del bloque socialista soviético. En el programa de Morena están expresados al mismo tiempo la claudicación frente al capitalismo, la búsqueda de libertad de las masas y los temores y desconfianza de las fracciones pequeñoburguesas frente a la rebelión de esas masas, todo combinado.

Ahora bien, la coherencia del grupo lopezobradorista y su triunfo en el Congreso no significa que necesariamente su posición sea la correcta, su plan moralizador no llega incluso a un programa reformista y con él no se puede hablar de una verdadera movilización de las masas que se requeriría para ganar una elección. De nada sirve ceder una y otra vez para complacer a los sectores de derecha dentro del mismo Morena, cada cesión es vista como un triunfo y lejos de ser apaciguados se vuelven más beligerantes. Por ello puede decirse que el triunfo del grupo dirigente lopezobradorista en el II Congreso es un retroceso para la izquierda y para el propio Morena, por cuanto se retrocede en términos organizativos al no establecerse con claridad el respeto a la institucionalidad interna del partido, y por cuanto no se avanzó un milímetro en términos programáticos, lo que es a fin de cuentas el objeto de un congreso partidario.

Hoy es imprescindible que la lucha en Morena se desarrolle sobre los ejes fundamentales del respeto a la institucionalidad del partido, el rechazo a la formación de estructuras paralelas no reguladas por las instancias legales internas y por la evolución del programa hacia un plan de verdaderas reformas que abran paso a la libre expresión de las masas en su lucha por la libertad.

Periódico Revolución
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Es una publicación impresa y digital, como un esfuerzo de Morena Socialista para recuperar la teoría marxista al interior del partido morena.