jueves, 10 de octubre de 2013

Por: G. M.

Siria es uno de los países más antiguos del mundo, en ella se encuentran algunas de las primeras ciudades que existieron. A pesar de que no cuenta con recursos naturales excepcionales tiene una posición geográfica privilegiada, es el camino por excelencia que lleva de Asia central y meridional al Mediterráneo, y por ello ha sido manzana de la discordia de todos los imperios de la región desde la antigüedad.

 

Hoy no es la excepción, frente a la guerra civil que estalló en 2011, los imperios actuales no han tardado en hacer acto de presencia, alineándose con las facciones en lucha, por un lado, EU y la Unión Europea (UE) han asumido la tutela de la oposición que lucha contra el gobierno de Assad, y por otro, Rusia y China han sostenido la posición de su aliado Assad.

 

El gobierno de Assad es una dictadura que Bachar Assad heredó de su padre Hafez y que se ha prolongado desde 1970. Una dictadura que emergió de la turbulenta lucha de liberación de Siria y de las guerras con Israel en las que Siria perdió los Altos del Golán. Su régimen se ha mantenido equilibrando las estructuras de poder dominadas por clanes así como las tensiones creadas por la guerra fría, durante la cual se acercó a la URSS.

 

Las revoluciones que estallaron en los países árabes alcanzaron también a Siria, las masas se volcaron en repudio al Gobierno y cuando grupos del ejército se unieron a la rebelión, comenzaron los enfrentamientos armados, lo cual no ocurrió en los otros países árabes. Sin embargo el régimen reaccionó y en vez de descomponerse como en los casos de Mubarak y Ben Alí, comenzó la represión y lanzó a las tropas leales a combatir por cada ciudad y cada barrió, se desató la guerra civil.

 

La oposición Siria fue frenada y la guerra se estancó, entonces comenzó a manifestarse abiertamente la intervención de EU y la UE, que comenzaron a manifestar su impaciencia frente a la incapacidad de la oposición para vencer a Assad. La situación se tornó a tal grado crítica que Obama ha tenido que cabildear abiertamente para que EU lance ataques aéreos contra posiciones del ejército sirio. Obviamente ha buscado la cobertura de la ONU alegando como siempre que se trata de razones “humanitarias”, para lo que se ha valido de la reciente masacre ocurrida en Alepo debida a la detonación de armas químicas, cuya autoría no se ha determinado fehacientemente y que Washington ha enarbolado como casus belli contra Assad. Pero los propios políticos estadounidenses vacilan frente al riesgo que representa una intervención armada cuando Irak se halla todavía bajo ocupación, y a sabiendas de que esa intervención puede fortalecer a los fundamentalistas islámicos que se han infiltrado en la oposición Siria y que son los mismos que combate en Irak y Afganistán, pero el bando del “premio Nóbel de la Paz” Obama se ha empeñada en ganar esa guerra que ya considera suya y por eso no ha dudado en confrontarse con Rusia y China que han bloqueado en el Consejo de Seguridad de la ONU la convalidación de un ataque al gobierno sirio.

 

Una verdadera posición internacionalista tiene que tomar en cuenta estos factores y no pronunciarse de manera frívola al respecto, lo cual es fácil dada la relativa lejanía de los sucesos en aquella parte del mundo. Una posición correcta sólo puede ir en el sentido de reclamar para el pueblo sirio su derecho a la autodeterminación tanto frente a Assad como frente al imperialismo.

 

Las masas se pronunciaron claramente en 2011 por un cambio de régimen, y tal cambio no tenía por que representar el sometimiento del país al imperialismo estadounidense, sino todo lo contrario, el nuevo régimen no podría renunciar a los Altos del Golán ni al sistema de alianzas regionales que mantiene Siria, por el contrario debería implicar que es el mismo pueblo sirio quien está en lucha por su autodeterminación y no la camarilla de Assad.

 

Siria tampoco debe convertirse en una versión magnificada de Líbano, rota por guerras de facciones, plagada por los fundamentalistas islámicos y convertida en un campo de batalla de intereses ajenos a ella. Dígase lo que se diga en los foros internacionales y en la prensa, ése es el destino que reserva para Siria el imperio estadounidense si consigue imponer un gobierno títere que luche por Washington contra Irán, pues es Irán y no Siria directamente el objetivo de la política que Obama desarrolla en estos momentos en la región. Así, detrás de toda esta política nefasta no tarda en asomarse la cadena de intereses de los consorcios petroleros, tratando de asegurar sus ganancias a costa del bienestar e incluso las vidas de los habitantes de esa parte del mundo.

 

¡Ni Assad ni el imperialismo, autodeterminación del pueblo sirio!

 

Periódico Revolución
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