Por Gilberto Mayoraga

Finalmente Trump enfocó sus baterías contra el gobierno mexicano, y aparentemente se salió con la suya.

Con la amenaza de imponer aranceles a productos mexicanos, Trump logró imponer al gobierno mexicano un pacto migratorio contra los migrantes centroamericanos. La maniobra se operó en un esquema de chantaje imperialista de libro. Primero Trump se lanzó a través de su cuenta de Twitter contra la supuesta “inoperancia” mexicana en lo que respecta a la vigilancia fronteriza, o sea, que México no detiene a los migrantes centroamericanos que se dirigen a los EEUU.

Entonces Trump lanzó la amenaza concreta de imponer aranceles a productos mexicanos si México no implementaba medidas contra la migración centroamericana.

La respuesta del gobierno mexicano no esperó a los canales diplomáticos y se fue de bruces para responder a Trump. Inmediatamente se envió al canciller Ebrard a Washington a buscar un encuentro con los responsables estadunidenses. El encuentro fue abiertamente hostil de la parte del gobierno de Trump, como lo afirman las crónicas del encuentro, al propio canciller le fue retenido todo equipo de comunicación y la delegación fue aislada sin contar ni siquiera con alimentos y agua. Un trato apropiado para naciones enemigas y no de “buenos vecinos”.

Después de varios días de expectación, Ebrard se presentó ante los medios con un “acuerdo”, en realidad un pacto impuesto, en el que comprometía a México a implementar medidas contra los migrantes centroamericanos, medidas que incluyen la detención de los migrantes que intenten llegar a los EEUU desde México y que a partir de entonces serán retenidos en nuestro país hasta que los EEUU decidan que pueden ingresar allá, además, se aprobó desplegar a la Guardia Nacional en la frontera para bloquear los pasos de la migración indocumentada; lo que no se dijo en ese momento es que tal despliegue no sólo tendría lugar en la frontera sur, sino también en la norte, donde no tardaron en aparecer imágenes ominosas de guardias deteniendo a jalones a migrantes que intentaban cruzar a los EEUU, en algo inusitado desde cualquier punto de vista. Sin embargo, no se han sacado aún todas las conclusiones de hechos que representan momentos clave para entender la situación actual y que representan verdaderos hitos para la izquierda y para el país. Huelga decir que Trump no se comprometió a nada, ni siquiera a dejar de amenazar. Salvo a arrojar la promesa de algunos centavos en Centroamérica no hubo de su parte otra cosa que la arrogancia acostumbrada.

Es poco decir que se trató de una claudicación histórica frente a los EEUU, pues ahora se hizo abiertamente lo que otros gobiernos hacían de manera encubierta, no se respetaron ni siquiera las formas mínimas, pues todo se basó en ceder frente a las maneras gangsteriles del presidente yanqui. No se planteó la ilegalidad de los aranceles bajo el aún vigente TLCAN, y el hecho de que se acaba de firmar el TMEC pasó desapercibido del todo, con lo que estos flamantes “tratados” no quedaron más que reducidos a meras hipotecas de nuestro país sin mayor alcance. No se planteó esperar a la oficialización de las represalias de Trump, que habrían enfrentado a los propios capitalistas estadunidenses y a los partidos, sino que se dio por bueno que a Trump le bastaba con decir algo en Twitter para garantizar que esto se realizaría; y aún se dejó de lado acudir al arbitraje internacional y replicar con gestos diplomáticos y económicos que fortalecieran al país en el extranjero.

El gobierno mexicano cayó en pánico. No se puede disimular esto. Toda la cháchara sobre un “brillante manejo estratégico” de la crisis no es otra cosa que adulación palaciega de los porristas del gobierno. Esta ha sido una derrota histórica de la izquierda que no admite cortapisas y todos en la izquierda debemos asumirla como tal, sacar las conclusiones adecuadas y obrar en consecuencia.
Y tan es una derrota que México resulta golpeado de múltiples maneras: primero en que ahora acarreará el peso de la persecución migratoria, tanto en costos financieros como en descrédito internacional y más aún, dejó en papel mojado toda la legislación mundial que nuestro país ha impulsado en defensa de los migrantes. Pero más allá, el país pierde en cuanto se muestra al mundo como un peón de los EEUU, indigno de crédito y solidaridad, como un país que no podrá mantener alianzas ni acuerdos que puedan ser no gratos a los EEUU, en suma, un país que no defenderá su posición en el mundo y que por tanto no será seguro para inversiones ni alianzas que no sean las estadunidenses, pero aún así no faltaron publicistas burgueses que hablaban con expectación y esperanza de “ampliar el comercio mexicano y establecer relaciones con Rusia y China”.

La otra cara de la crisis, la representan los propios migrantes, tanto mexicanos como centroamericanos. No se obtuvo una sola garantía sobre los migrantes mexicanos y aún Trump se dio el lujo de amenazar con deportar a millones (!) de migrantes mexicanos en los EEUU, amenaza que, como era de esperar, fue saboteada por gobiernos locales de varios estados y ciudades que dependen de un electorado mexicano o de empresarios que se sirven de mano de obra mexicana. Además del hecho de que los fondos para realizar tales deportaciones serían estratosféricos y por lo mismo inviables.

Pero en cambio, el gobierno mexicano se dispuso a cumplir fielmente las instrucciones de Trump en un tiempo récord que nadie le está exigiendo, pues el mismo Trump sabe que sus exigencias no se pueden cumplir y sólo las usa como combustible electoral para su reelección. Es una situación que pone al gobierno mexicano como centinela de la frontera con un muro virtual de soldados mexicanos pagados con presupuesto mexicano, para resolver un problema que no tiene solución pero que causará y causa ya un inmenso sufrimiento a los migrantes, lo que se representó simbólicamente en los últimos decesos en la frontera de Tamaulipas, muertes que se pueden atribuir al lado mexicano tanto como al estadunidense.

México no obtiene ni obtendrá ningún beneficio de la política comprometida con Trump y es harto iluso pensar que se van a obtener los resultados que se esperan y más iluso aún creer que Trump cumplirá su parte, aunque sólo se trata de no imponer aranceles, lo cual en realidad no le cuesta nada; pues volverá a lanzar sus amenazas en cuanto le resulte rentable. Ha sido una batalla ganada no sólo por Trump, sino por el imperialismo estadunidense.

El camino para México nunca ha sido ni será convertirse en comparsa del imperialismo, sino en impulsar la unión latinoamericana, en comprender que el único bloque de países al que pertenece México es el de los enemigos del saqueo y la opresión imperialistas. Y en cuanto a los militantes de la izquierda tiene que llegar a todos el mensaje de que solamente el internacionalismo es el camino para los trabajadores sin importar las fronteras, que su aliado no es tal o cual burguesía sino los trabajadores de todos los países y por tanto también los migrantes, el camino frente a esta crisis es la unión de los trabajadores mexicanos, centroamericanos y estadunidenses contra las burguesías de sus respectivos países, que sólo saben defender sus intereses e imponen fronteras a los pobres pero no a los capitales, porque la realidad es que con dinero suficiente no hay frontera que valga, mientras que al pobre se le ponen todas las restricciones desde que nace y se le criminaliza si quiere mejorar su destino viajando a otro país. Por ello, la reivindicación del paso libre a los trabajadores sin importar la nacionalidad debe volver a ser la consigna de la izquierda mexicana, enterrando todo el chovinismo y xenofobia que han sido invocados por la derecha y que están contaminando a los sectores más atrasados del movimiento de Morena.

Ningún trabajador es ilegal.
Paso libre y seguro a los trabajadores del mundo.
Unión de los trabajadores contra la clase capitalista internacional.

Periódico Revolución
Sobre el Autor: Periódico Revolución
Es una publicación impresa y digital, como un esfuerzo de Morena Socialista para recuperar la teoría marxista al interior del partido morena.